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Apuntes para estos días, con misioneros escuchando a la gente

Especial para “La Voz” por Víctor H. Paz

Ya no están en Bragado. Se han ido. Tres grupos de jóvenes misioneros, llegados de parroquias cercanas a la ciudad de Buenos Aires, recorrieron calles de distintos barrios, recibiendo el mensaje de los vecinos.
“No todos están bien, pero tienen esperanzas; nos recibieron y agradecieron la visita”, contaron las chicas y muchachos que vivieron la experiencia.
Alguna vez tendremos que decidirnos a salir a “misionar” casa por casa. Animarnos a tocar timbre en nuestro propio domicilio… ¿Qué diríamos en ese caso?
También a nosotros nos faltan cosas, en medio del apuro por saberlo todo y, por lo general, sin terminar de entender. Es como si estuviéramos “empachados” de noticias, sin descifrar el contenido final.
-Hace falta que alguna abuela antigua “nos tire el cuerito” y nos cure la soberbia, esa que nos hace creer que sabemos todo, cuando en realidad, muy poco hemos aprendido…
-Los misioneros se fueron. No hubo tiempo de pedirles el saldo de la visita. Es ante la gente de afuera, dónde nos “animamos” a contar lo que nos duele. Con los conocidos, lo hicimos muchas veces, con escaso resultado… Y los barrios siguen teniendo poca luz; hay casas clamando por una reparación; baños que aún esperan la reforma prometida hace años…
Los misioneros, por ejemplo, encontraron a personas que -de grandes-, siguen esperando la llegada de los Reyes Magos. Es que para ellos, nunca hubo juguetes y hoy agradecerían un colchón, con sábanas blancas y un par de zapatillas sin agujeros…
-No es cierto que la gente espera tener todas las noticias. La llegada de los misioneros está diciendo otra cosa: hay necesidad que alguien “preste” la oreja, escuchando lo que pasa adentro de uno. Eso sólo alivia las penas; si además le dejan una bolsita con caramelos, mucho mejor…
-Los MISIONEROS se fueron, pero volverán y eso es lo bueno. Intentemos entender el mensaje que dejaron y todos estaremos bien, más amigos de nosotros y de los demás.