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La Calle

La frase de hoy: “El mundo parece enfermo de un mal incurable, donde la corrupción es un ingrediente importante”.

Es casi un dibujo de la realidad. O, al menos, una caricatura. Lo que vive el país hermano de Brasil, duele a todos: compatriotas, vecinos, amigos y hasta enemigos… LULA, un dirigente sindical que llegó a la presidencia y algo hizo por sus compatriotas en el aspecto social, está a punto de ingresar a la cárcel, donde lo espera una condena de 12 años.
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La trasmisión del sábado por TN, tuvo más seguidores que el mejor show de Xuxa. Fue en las horas previas a su decisión de entregarse a la policía de San Pablo. Primero estuvo en una misa por la memoria de su esposa, con una sonrisa preocupada en el rostro, pese a los aplausos de sus seguidores que son muchos.

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Fue presidente de Brasil y ahora la gente lo volvería a elegir, pese a las acusaciones y a la condena. Sin embargo, la Justicia en la figura del juez Moro, decidió que los pecados cometidos en la función pública, deben pagarse y parece que siempre debiera ser así. Con Lula preso, ¿a quién votará el pueblo para presidir el país?.

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Brasil es un país enorme, un vecino poderoso del que dependemos mucho en materia económica. Es una potencia futbolística, con cinco títulos mundiales y una goleada que aún les duele en la última final, en 2014, frente a la poderosa Alemania. Esto es mucho peor a los ojos del mundo, porque no se olvida con un partido ganado.

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Esto de la corrupción de dirigentes, ¿es contagioso?. Tal vez la cercanía favorezca la transferencia de males. Ocurre que mientras los que gobiernan se enriquecen y hacen negociados, el pueblo –por mayoría-, está en la lona, pasándola mal y eso no los pone colorados de vergüenza. Por el contrario, aún ante la evidencia, muchos se niegan a creer.

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Las faltas que no se reconocen, no podrán ser enmendadas, ni superadas. Es como si el poder otorgara permiso para meter la mano en la lata. Son cuestiones que demoran el avance de Los pueblos y le duelen a la democracia. Lo dejamos allí y deseamos el mejor final, no tanto por Lula, sino por el pueblo que está sufriendo, en muchos rubros. A través del bolsillo y la esperanza…

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La gente necesita creer en alguien. Sobre todo, el pueblo que menos tiene y más espera. Por eso, para no quedarse sin nada en las manos, se atrinchera en defensa de los que han sido sus ídolos, los que supieron darle algo de lo mucho que merecían. Es el caso de Lula y de otros países, no están lejos nosotros, los argentinos, de mirarnos en el mismo espejo.

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Hay quienes nacen en el lugar no merecido. La herencia que reciben, por lo general, los marca con la desconfianza. Cansados de injusticia, se abrazan a paliativos de poca duración. Amigos al principio, se convierten en una postal del infierno. Malo es lo que cuesta dejar ese lugar, tachonado de brasas al rojo.
Pese a las buenas intenciones y a la ayuda recibida, el peso de lo vivido al comienzo de sus vidas, los empuja hacia el lado que no corresponde.

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La Calle reconoció en estos días, la ayuda oficial brindada a un muchacho. Corresponde señalar lo que está bien. Sin embargo, en este caso y también en otros, el mal recibido no se borra en un día, con un gesto, ni con lágrimas que encierran promesas de buen comportamiento.
Los jueces, por lo general, no leen las historias personales de los detenidos. Se guían por las consecuencias, no por las causas.
Por un caso, entre tantos, La Calle está en penumbras hoy.
Porque son muy pocas las historias con final feliz.
-Cuando se avanza mucho en las sombras, cuesta demasiado encontrar el sol de la reconciliación… Entonces, la sociedad en vez de hacer un esfuerzo y entender, eligen romper la lamparita.