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1970 – Parroquia San Martín de Porres – 2020

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Nuestro encuentro con la Palabra de Dios…
-Fiesta del Cuerpo y Sangre de Jesucristo

La Iglesia celebra la fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo. Durante siglos, esta celebración estuvo acompañada de procesiones y cantos. Este año todo es diferente. Las iglesias han estado cerradas durante semanas. No nos hemos podido encontrar con los amigos de la parroquia para hablar de nuestras rutinas, orar juntos y compartir el Pan de Vida. Afortunadamente, las misas por TV y la celebración semanal por Facebook de la parroquia, nos han traído una voz de aliento.
Durante esta cuarentena nos sentimos identificados con el pueblo de Israel que, como nos dice el texto del Deuteronomio que hoy leemos, caminaba por el desierto, agobiado por la incertidumbre, el hambre y la sed. Pero no estaban solos. El Señor los acompañaba. Esa dura experiencia los sensibilizó a otras realidades y acogieron la gracia de Dios; leemos en la Escritura: “en el desierto te dio a comer el maná, que tus padres no habían conocido”.
Estas semanas de cuarentena, que son como caminar a través del desierto, nos han abierto los ojos a valores y estilos de vida que no tomábamos muy en serio. Hemos comprendido el drama padecido por millones de seres humanos que deben afrontar la cuarentena sin tener un ingreso mínimo garantizado, sin protección social y sin una vida digna. También estamos añorando los encuentros familiares. Hemos aprendido a prescindir de muchos productos de consumo. En pocas palabras, hemos redescubierto la riqueza de los valores humanos y la necesidad de una espiritualidad. Como ese pueblo errante por el desierto, tenemos hambre y sed de encontrarnos entre nosotros y con Dios. Por eso tiene tanto sentido esta fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo en medio de la cuarentena. En su Primera Carta a los Corintios, el apóstol Pablo expresa, con emoción y profundidad, la unión que se genera alrededor del Cuerpo y la Sangre del Señor: “Hermanos: El cáliz de nuestra acción de gracias, ¿no nos une a todos en la sangre de Cristo?, y el pan que partimos, ¿no nos une a todos en el cuerpo de Cristo?”. Ojalá que los dolores causados por esta pandemia nos ayuden a madurar como ciudadanos y demos prioridad al bien común sobre los intereses particulares. Que seamos capaces de comprometernos con un proyecto solidario de país. En lugar de desgastarnos en debates políticos estériles, focalicemos nuestros esfuerzos para superar las crueles inequidades que han quedado al desnudo y generemos bienestar para todos los argentinos.
¿POR QUÉ HAGO ESTA CONEXIÓN ENTRE EUCARISTÍA Y DESARROLLO DEL PAÍS? Recordemos que en la fe católica no hay separación sino integración entre los valores espirituales y las acciones conducentes a promover la justicia y la equidad. El Evangelio no es teoría, sino que exige ponerlo en práctica. El Reino de Dios lo empezamos a construir desde ahora. Los cielos nuevos y la tierra nueva requieren de nuestra colaboración y esfuerzo.
Las palabras que Jesús pronuncia en el evangelio de Juan, son de un enorme impacto: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente. Y el pan que voy a dar es mi carne, para la vida del mundo”.
Como miembros de la Iglesia, tenemos la alegría de ser invitados cada domingo a la Mesa del Señor. Estas semanas de encierro obligatorio, iglesias cerradas y misas por TV nos han permitido valorar y añorar la riqueza del encuentro eucarístico. ¡Qué bueno que pronto volvamos a sentarnos todos a la Mesa del Señor, escuchar su Palabra y buscar caminos concretos para ponerla en práctica; juntos podremos convertir en oración nuestros miedos e incertidumbres y alimentarnos con el mismo Pan y beber del mismo Cáliz! Que esta dura experiencia del Covid-19 nos ayude a crecer en la fe y a madurar como ciudadanos sensibilizándonos a valores más profundos y humanos. Y de paso, hacer un pedido a las autoridades, para que así como habilitan ciertas actividades en la comunidad, con protocolos estrictos, también consideren que la vida del hombre no es solo economía, sino también vida espiritual que debe sostener el sentido de todo lo demás en nosotros. Por eso, les pedimos que escuchen los pedidos que desde distintos ámbitos se están realizando, para que pronto podamos, con todos los cuidados, retomar nuestras celebraciones comunitarias. Si es importante que un restaurante esté abierto, porque la gente necesita alimentarse, también lo son las iglesias, donde el alimento del Señor, con su Cuerpo y Sangre, son el sostén no solo de esta vida, sino también de la eternidad.

(Por Pbro. Gustavo E. Sosa).

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