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1970 – Parroquia San Martín de Porres – 2020

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Nuestro encuentro con la Palabra de Dios…
-Pbro. Gustavo E. Sosa

Queridos hermanos: Felices Pascua!!!! Jesús ha resucitado!!!! Esta es la buena noticia que hoy nos anuncia la Palabra de Dios y nos renueva en la esperanza de saber que la muerte ha sido vencida por la Vida de Jesucristo, el Señor.
No nos alcanza con saber que Jesús ha muerto por nosotros. Lo necesitamos a él vivo para que el perdón y la gracia lleguen a nosotros. Todos los dones nos llegan por él, a través de su humanidad viva y gloriosa. Por eso, si el no resucitó, la obra salvadora de su muerte no podría producir frutos en nosotros. Su muerte será un hecho del pasado y no se podría producir ninguna liberación en nosotros. Es Cristo vivo el que nos hace llegar el perdón, el que nos libera, el que nos renueva. Por eso, San Pablo llega a decir que “si Cristo no resucitó, no sirve para nada nuestra predicación y nuestra fe” (1Cor 15,14).
Pero la resurrección de Jesús no fue un espectáculo, nadie lo vio. Únicamente las paredes del sepulcro fueron testigos de ese momento. No fue una explosión de luz y colores. Fue un hecho inmenso, pero discreto, poco llamativo. Como también lo fue la Navidad… solo hay un sepulcro vacío. Es una hermosa señal, es un canto al triunfo de la vida, es un llamado a la esperanza. Este sepulcro abierto grita que todo mal puede ser vencido. Lo importante es que la muerte no ha sido la última palabra y que su triunfo y su vida nueva le dan sentido a nuestra vida y a nuestra esperanza. Porque nuestra fe cristiana no depende tanto de una doctrina, o de un código moral, de unas costumbres, sino de una Persona que nos comunica su vida y nos ofrece un trato de amigos, alguien que puede iluminar nuestra existencia cotidiana no sólo con su ejemplo sino sobre todo con su presencia.
En el Evangelio que hoy leemos se destaca la fe del primer discípulo que cree en la resurrección. Pedro vio que no estaba el cuerpo del Señor, vio los lienzos y el sudario, pero eso no le alcanzó para creer. El otro discípulo, en cambio, dejó que esa escena fuera iluminada por la Palabra de Dios, por los anuncios que decían que el Redentor iba a triunfar, y por los mismos anuncios de Jesús que había hablado de su resurrección. Este discípulo había guardado esas palabras en su corazón y por eso reconoció que el Señor había resucitado.
Esto nos ayuda a descubrir que también los hechos aparentemente oscuros de nuestra vida, como el que estamos viviendo a raíz del coronavirus, si los iluminamos con la Palabra de Dios, adquieren un significado de vida nueva, de resurrección, de esperanza; así como el sepulcro vacío, iluminado por la Palabra, anunciaba a gritos que Cristo venció a la muerte.
No se puede vivir sin una confianza profunda. Por eso todos los años se vuelve a escuchar este anuncio de la resurrección como si fuera una noticia, como una novedad, como si nunca hubiera ocurrido. Volvemos a leer la Palabra que anuncia la resurrección como una permanente novedad.
Hoy es un día para optar por la alegría, porque la esperanza se renueva, en la resurrección de Jesús. Hoy es un día para atrevernos a disfrutar con fe este anuncio feliz. Debemos ser capaces de confiar en el Señor, y quedarnos en los brazos del Resucitado, que nos regala la vida nueva.
Te adoramos, Señor Resucitado, lleno de vida y de gloria. Derrama en nuestros corazones esa vida nueva que nos traes, para que toda nuestra existencia se renueve en tu presencia. Así sea.

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