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1970 – Parroquia San Martín de Porres – 2020

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Nuestro encuentro con la Palabra de Dios…
-Pbro. Gustavo E. Sosa

6º Domingo de Pascua – 17 de mayo de 2020 – Jn 14,15-21. Cada vez que leemos las páginas de la Biblia, sentimos que nos ilumina alguna situación particular que estamos viviendo porque son Palabras de Vida. Al leer los textos bíblicos de este VI domingo de Pascua, encontramos tres mensajes que nos iluminan este momento tan complejo que vive la humanidad por el ataque de este enemigo invisible que es el Covid 19:
Los Hechos de los Apóstoles nos narran el encuentro de los apóstoles Pedro y Juan con un grupo de samaritanos que reciben el anuncio del Señor resucitado.
En su 1º Carta, el apóstol Pedro motiva a los seguidores de Jesús para que estén siempre listos a dar razón de su esperanza.
El evangelio de Juan nos comunica una conmovedora promesa de Jesús: “No los dejaré desamparados; volveré a ustedes”.
¿Qué nos dicen estos textos? ¿Cómo nos inspiran en el contexto de esta amenazadora pandemia? Empecemos por el relato de los Hechos de los Apóstoles. En las lecturas que hemos escuchado vemos cómo va creciendo la Comunidad cristiana. La semilla de la fe es sembrada a través de la predicación de los discípulos del Jesús resucitado. Sus palabras van acompañadas de acciones milagrosas que devuelven la salud física y espiritual a muchos enfermos.
En la página concreta que estamos meditando, vemos cómo es anunciada la Buena Nueva al pueblo samaritano, que era discriminado religiosa y socialmente. Jesús había ignorado estos prejuicios. Pedro y Juan siguen el ejemplo de Jesús y se acercan a esta comunidad. Leamos el texto de los Hechos de los Apóstoles: “Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que en Samaria habían acogido la Palabra de Dios, les enviaron a Pedro y a Juan, quienes bajaron hasta allí e hicieron oración por los samaritanos para que recibieran el Espíritu Santo”.
La Buena Nueva del Señor resucitado debe ser anunciada a todos aquellos que quieren escucharla. Más aún, la Iglesia en su servicio a la humanidad debe trabajar con todas aquellas personas con las que comparte unos valores básicos de humanidad.
El coronavirus tiene y tendrá consecuencias arrasadoras para la economía mundial. El desempleo y la pobreza se están multiplicando dramáticamente. No es el momento de agitar banderas ideológicas o políticas, como están haciendo algunos, incluso en nuestro medio.
Pasemos ahora a la 1º Carta del apóstol san Pedro. Allí leemos unas inspiradoras palabras: “Muestren con la santidad del corazón que Cristo es su Señor, y estén siempre listos a dar razón de su esperanza a todo el que les pida una explicación”.
El clima dominante en este momento es la incertidumbre, la desesperanza. Como seguidores de Jesucristo, no podemos unirnos al coro de lamentadores que lloran por lo perdido. Nuestra fe en el Señor de la Vida nos impulsa ser ciudadanos propositivos, que colaboramos con las iniciativas que construyen comunidad y que fomentan la solidaridad.
El texto del evangelio de Juan da unas palabras de Jesús en la Última Cena que nos animan y motivan: “No los dejaré desamparados”. Ciertamente, las incertidumbres son infinitas y los temores nos agobian. Pero en medio de la noche brilla una luz muy potente. No estamos solos. El Señor camina junto a nosotros. Fortalecidos por la gracia e iluminados por el Espíritu Santo, todos juntos debemos buscar las mejores soluciones para poder retornar poco a poco a la normalidad y hacer un balance de las lecciones que nos deja esta pandemia. Sería lamentable que la vida siguiera igual y regresáramos a las viejas prácticas corruptas y al afán desenfrenado de lucro y de poder. El coronavirus nos ha obligado a mirar de frente otras realidades que no estaban en la agenda de los líderes políticos o empresariales.
Al terminar esta eucaristía en la que participamos de manera virtual, quedémonos en casa con estos tres mensajes:
-Apertura de mente y corazón para que, libres de prejuicios, trabajemos junto con otros por el bien de la comunidad.
-Ante las voces tristes y pesimistas de muchos, tengamos una palabra de ánimo y esperanza.
-No estamos solos. El Buen Pastor nos guía y nos conduce. Con Él a nuestro lado, nada podemos temer.

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