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ESPACIO DE OPINIÓN

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Fragmento de Cuadernos de Lanzarote (1993-1995), de José Saramago

“Que se privatice Machu Picchu, que se privatice Chan Chan, que se privatice la Capilla Sixtina, que se privatice el Partenón, que se privatice Nuno Gonçalves, que se privatice la catedral de Chartres, que se privatice el Descendimiento de la cruz de Antonio da Crestalcore, que se privatice el Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela, que se privatice la cordillera de los Andes, que se privatice todo, que se privatice el mar y el cielo, que se privatice el agua y el aire, que se privatice la justicia y la ley, que se privatice la nube que pasa, que se privatice el sueño, sobre todo si es diurno y con los ojos abiertos. Y, finalmente, para florón y remate de tanto privatizar, privatícense los Estados; entréguese, de una vez por todas, la explotación a empresas privadas mediante concurso internacional. Ahí se encuentra la salvación del mundo… Y, metidos en esto, que se privatice también a la p… que los p… a todos”.
Dicen los que saben que cada texto se analiza dentro de su contexto. pocos podrían negar que estos fragmentos de Cuadernos de Lanzarote contienen verdades y, por si quedan dudas de ello, de vez en cuando regresan gobiernos que toman medidas políticas, sociales y económicas las cuales van en contra de lo productivo, condenando a gran parte de la población a sobrevivir con las gotas de la Teoría del Derrame, como leyéramos por allí; que cada uno cobre lo mínimo y necesario por lo que hace. Podemos observar, si se quiere, que en estos últimos dos años se aplicaron políticas sociales y económicas las cuales no trajeron resultados colectivos, sino más bien concentración de riquezas a los sectores de mayor poder adquisitivo, por ende luego de cada causa hay un efecto, efecto que hoy está sufriendo la mayoría de los ciudadanos que embelesados de poder sacarse un padrastro se amputaron un dedo, votando a un gobierno el cual -en su tercer año de mandato- no colmó más expectativas que a quienes recibieron beneficios directos, llámese financieras, bancos, casas de préstamos, grandes exportadores y ¿para qué seguir nombrando, no?
Uno cada vez que escribe se le aparece el fantasma de una causa, por ende hay que cuidar hasta las palabras; hoy día, la onda es que nada de lo estatal funciona, observamos despidos en esa línea. Recortan el presupuesto para asegurarse que las cosas no funcionen, la ciudadanía se moleste y eso pueda usarse como una gran excusa de pasarlo a manos privadas a bajo costo y con la lógica que en algún momento se regresará a un gobierno con actitudes de producción y, por ende, de dividendos. Mientras tanto, el poder hace estragos esquilmando las utilidades generadas por las pymes y el obrero. Lo camaleónico del neoliberalismo cruel encuentra su techo ya que se le hace imposible camuflarse y así poder seguir haciendo lo mismo, disfrazado de diferente. ¿Cuántas cosas más tendrán que pasar para que esta sociedad despierte de su letargo y tome conciencia colectiva para encontrar juntos respuesta a la pregunta de siempre: qué clase de país queremos?
Quizás, como en otras oportunidades, sea el espanto lo que nos una y eso no está lejos de suceder. Aun así falta debate, faltan espacios donde se puedan desglosar el qué queremos, cómo hacerlo y cuándo tomar la decisión conjunta. Pareciera ser que cuando estamos bien votamos mal, y cuando estamos mal, votamos un poco mejor; y periódicamente, nos quejamos del mal para luego regresar al mismo con el pensamiento de que tan bien estábamos cuando decíamos que estábamos mal.
Mucho se habla, poco se escucha y poco se hace por quienes menos tienen y más necesitan, obligados de pagar tarifas infladas e inmiscuidos en las supuestas reconversiones los días pasan, la vida se va y quienes peinamos canas lagrimeamos escondidos por los rincones sufriendo a futuro por nuestros nietos y pensando que país les estamos dejando. Todo suma en la toma de conciencia, pero nada alcanza cuando se trata de sensibilizar a gobernantes sin escrúpulos que dirigen el país detrás de sus escritorios, de manera técnica, haciendo análisis de macros y micros, del debe y del haber, pero olvidando al ser humano el cual sufre las consecuencias de sus liviandades humanas, viciados de poder y vaciados de contenido observamos gobernantes fríos, parcos, con miradas perdidas como buscándose a sí mismos pero embelesados por los aplausos de quienes reciben el todo cuando otros no reciben nada, apelo a dios, la almohada y el espejo.
¡Que ellos puedan acarrear un cacho de humanidad antes de que sea tarde!

Sergio Edgardo Pedrosa
Partido de la Concertación Forja Bragado

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