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La Calle

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La frase de hoy: “Dicen que nuestro país necesita de la influencia de grandes líderes, para poder avanzar”.

Ocurre que no hay abundancia de líderes y, muchas veces, por su misma condición, se deciden a exiliarse. Tal el caso del general José de San Martín que, antes de enredarse en una guerra entre hermanos, prefirió poner distancia y su vacío se ha notado a lo largo de la historia.
Doloroso debió ser para él ese largo alejamiento del suelo patrio, sobre todo en tiempos en que las distancias eran aún mayores que las actuales, por aquello de los medios de comunicación acercando a los pueblos…

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Con motivo de la concentración convocada ayer por el gremio de los camioneros, La Calle recordó otros tiempos, otros dirigentes, otros gobiernos… Siempre existió la creencia de que el movimiento obrero argentino fue gravitante en la caída del gobierno de Isabel Perón, quien había asumido la presidencia ante la muerte del general Perón.
De haber sabido las consecuencias que sufriría el país, con la llegada del trágico Proceso, con Videla a la cabeza, los sindicalistas hubieran tenido un poco más de paciencia.

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El general Juan Domingo Perón nació en Lobos, el 8 de octubre de 1895 y murió un frío 1º de julio de 1974, en Vicente López. Había sido el primer presidente elegido por el sufragio universal y el único en asumir la presidencia en tres ocasiones. Sólo pudo terminar normalmente la primera, cuando su compañero de fórmula fue el doctor Hortensio Quijano.
En la reelección de 1951, pudo haberlo acompañado Evita pero los militares se oponían y, además, surgió el tema de la enfermedad que afectó a la abanderada de los humildes.

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Fue Perón otro de los líderes políticos argentinos que supo eclipsar, aún desde el exilio, a quienes lo sucedieron. Fueron 18 años lejos del país, en cuyo transcurso, los golpes de Estado derrocaron a dos presidentes; Arturo Frondizi y Arturo Humberto Illia.
Todo eso es lo que, en el sentimiento popular, fue fortaleciendo la creencia que “Argentina sólo puede ser gobernada por el peronismo…”.

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En nombre de ese partido caben todas las ideologías. No está de más recordar que el regreso del general no fue para gobernador, misión que debió afrontar luego del “breve mandato” de Héctor J. Cámpora, quien pasará a la historia por ser fiel a los mandatos de Perón, hasta que decidió “liberarse” en el momento menos oportuno… En este sentido, La Calle prefiere ceder la palabra a los historiadores que, aunque los hay poco imparciales, conocen más de cerca los males nacionales.

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Males que nos tienen estancados como país, como a la carreta que llevaba la imagen de la Virgen de Luján… Dicen que los bueyes tiraban, pero no avanzaba. Bastaba bajar la imagen de muy poco peso, para que todo se normalizara… Al final, no quedó más remedio que hacer la Basílica en el lugar actual… Esos sucesos ocurrieron allá por 1630, es decir, llevamos mucho tiempo en la espera.

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Dios habrá de ayudarnos, en algún momento. Es que el país tiene todo para ser una potencia, pero los desacuerdos, a veces por las pequeñas cosas, no dejan avanzar al progreso. ¿Quiénes lo pagan? Los que menos tienen…
Extrañamente, los quejosos son los más poderosos económicamente, poco dispuestos a ganar menos y mucho menos, decididos a “rascarse” para afuera, cediendo algo de lo que tienen, para equilibrar la balanza…

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El día que haya equidad social, con viviendas, salud y educación, no habrá pibes chorros por los cuales tenga que “preocuparse” doña Hebe, que navega en medio de muchas contradicciones… Incluso, “salpicando” al Papa Francisco, que parece no asumir que la señora ha ido cambiando con el tiempo.

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