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Las carreras…, espacio para pensar

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«¿Para qué te apurás?, si tenés la eternidad», recordó Facundo en una entrevista que regaló en la década de «Charly». Antes del final, volvió a aclarar que no sabía si era de aquí o de allá. Nunca iba a saberlo, pero ahora, por suerte, comprende muchas otras cosas.
Ese instante que dejó a todos quietos en el estudio de televisión, también logró escapar de la pantalla y llegar hasta el sillón del abuelo. Ahí, volvieron los recuerdos. De esos tan malos que hacen que bajen las penas desde los ojos.
Es que Facundo, sin querer, tocó un lado del abuelo que estaba muy herido. Demasiado. Tal es así que nunca pudo recuperarlo ni saber manejar lo que eso generaba en otras partes.
El 17 de julio de 1987, la vida de «Puchito» cambió para siempre. En una esquina de la ciudad, Mateo, su nieto, perdió el equilibrio de la moto y mucho más cuando su cabeza llegó hasta el cordón.
Era muy joven y manejaba desde chico. Siempre le gustó la velocidad y la adrenalina. Siempre le gustó dejar el casco en la silla de la cocina. Siempre le gustó dejar que el mensaje de su familia vaya de un oído al otro. Y todo eso lo pagó.
Años después, en la misma esquina también estuvo Santiago. Acá, la otra cruz se agregó cuando un auto lo chocó en el costado de su moto. Al enterarse, «Puchito», que andaba por los noventa, revivió la tragedia por última vez.
Pobre abuelo. A lo largo de 30 años trató de encontrar una respuesta que nadie le pudo dar. Quizás nadie quería contestar porque eran parte de esa locura veloz.
El número de vehículos en la ciudad creció y no dejó de hacerlo. En algún punto, eso no sería un problema si cada conductor respetara las normas de tránsito que existen en una comunidad. Entre ellas, está la de la velocidad máxima permitida, esa que olvidó Mateo y lo dejó sin nada. Hoy, tristemente, no la recuerda casi nadie.
«¿Para qué te apurás?, si tenés la eternidad», debe estar gritando de nuevo Facundo desde algún lado. Seguramente, lo acompañan «Puchito» y Mateo.
Los fundamentalistas del acelerador piensan que hay que participar en las carreras para ganar tiempo y destinarlo a otros asuntos. Y así pasó tantas veces… pero muchos consiguieron horas de más.

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