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Discutir con sinceridad sobre la despenalización del aborto

Otra vez el tema del aborto surge a la discusión. Y está bien porque parece que no terminamos de tratarlo con madurez, lo que significa hacerlo con la verdad que está en lo profundo de cada ser humano.
Se habla, entre otros aspectos, de “vida digna desde la concepción”, como si la vida humana fuera sólo un milagroso instante, pero, ¿se piensa también y concordantemente en la vida que crece, en la niñez, la adolescencia, la de tantos que no alcanzan a humanizarse por falta de hogar, amor, educación? ¿Se cuida, previene, avisa, educa, a la pareja humana para recibir un embarazo en estado de madurez, conocimiento, responsabilidad, recursos y verdadero amor para proveer al crecimiento y desarrollo humano?
En estos días, miles de mujeres se manifiestan en nuestro país y en el mundo pidiendo la despenalización del aborto.
¿Qué significado tiene este pedido? ¿Es que el artículo 86 de la ley en su inciso 2 no tiene suficiente alcance para regular el derecho de la mujer a abortar? ¿Se puede aceptar que sólo las mujeres violadas, o la mujer demente o idiota, o las que llevan un embarazo peligroso tienen derecho a asistencia médica para practicarlo? No. Las mujeres vuelven a reclamar una ley sin limitaciones.
Argumentan que lo hacen porque, a pesar de la legislación vigente, miles, sobre todo jóvenes y adolescentes, madres casadas que no conocen métodos anticonceptivos o no tienen acceso a ellos o que están agobiadas por la llegada de hijos que no pueden atender, guiar, alimentar, al pretender abortar, se encuentran con la falta de asistencia médica legal, lo que produce miles de muertes.
No obstante, las más pobres siguen recurriendo al aborto clandestino, usando medios tan peligrosos como la aguja de tejer o la rama de perejil, o pastillas que provocan úlceras vaginales. Se sabe que esta clandestinidad termina en infecciones y muertes de mujeres jóvenes, de muchas madres que dejan huérfanos a sus hijos.
La OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró que en el año 2014 se produjeron 25 millones de abortos peligrosos en el mundo y que la mayoría fueron en África, Asia y América latina.
Se trata, entonces, de no cerrar los ojos a la realidad: el aborto clandestino existe, se propaga y cuesta muchas vidas de las madres, por lo que, ya que de la vida se trata, hay que llegar a una ley que cuide tanto a la madre, como al hijo por nacer.
¿Cómo actuar para no dejar librada la vida de la mujer a los peligros de la falta de asistencia médica y salvar la vida del hijo?
La OMS insiste: “Allí donde el aborto es legal baja drásticamente el número de muertes de mujeres”.
Desde 1920 en Rusia, se ha legalizado el aborto dando prioridad y garantías a la atención de la salud de la mujer. EEUU, Cuba, Inglaterra, Suecia y otros países europeos, China, México, Uruguay… optaron por la despenalización del aborto. También Guyana, México y Puerto Rico y la mayoría de países europeos. Lo que varía es la tolerancia mayor o menor del número se semanas de embarazo.
Muchos países de América latina, entre ellos la Argentina, no han legislado integralmente hasta hoy sobre el aborto, sin considerar que las mujeres que están dispuestas a hacerlo lo practican a pesar de su peligrosidad.
Una solución posible al dilema que el aborto plantea, es enfrentar de una buena vez el dictado de educación sexual en las escuelas, apoyado por las Iglesias y los ministerios de Educación Nacional y provinciales.
Toda la sociedad debiera luchar para que la educación sexual no se limite a prevenir embarazos con métodos anticonceptivos, como se hace hoy, sino que se tome conciencia sobre el respeto por la vida, el valor de ser humano y las posibilidades de crecimiento y superación que todos merecen.

Gladys Seppi Fernández.

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