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La Calle

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La frase de hoy: “Los días de lluvia son especiales para la lectura y eso estamos haciendo en estas horas…”.

El hecho de tener en sus manos el libro sobre “mitos y realidades” de Juan Moreira, el libro de Eduardo Gutiérrez, le permitió a La Calle darse cuenta -por si algo le faltaba-, que en la actualidad hay muchos habitantes parecidos. Son jóvenes, buena gente, forman familia y, por un hecho cualquiera, entran en la lista de los perseguidos.

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Habitamos sociedades que no perdonan, que no olvidan. Cometido el delito, cumplida la pena impuesta y recuperada la libertad, se les hace muy difícil, reinsertarse en la vida normal. Es una forma de “devolver” al expresidiario a su antigua condición.

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Aunque no hay datos al alcance de la mano, sobre todo llegando a mano de los poco influyentes, no se sabe nada sobre cantidad de detenidos de Bragado, que hay en la actualidad.
Mucho menos, se sabe sobre el momento de su libertad. Este dato debiera formar parte de un informe que cada comunidad tendría que conocer. No para echarle los perros, cuando llama a alguna puerta, sino para ver de qué modo se le consigue algún trabajo.

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Es cierto. No es fácil lograr ocupación para los jóvenes abanderados de sus promociones de estudiantes, mal podría haber facilidades para los que acaban de dejar los oscuros calabozos. Sin embargo, ocuparse de ellos es “prevenir delitos”. ¿Qué puede hacer alguien sin nada y sin nadie, que le ofrezca un rayo de esperanza?.

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Juan Moreira venía bien, haciendo los deberes, en una sociedad dividida por las luchas electorales y sus secuelas. (La división parece ser un signo distintivo de los argentinos…)
-Incluso le prestó plata a un pulpero genovés (como Colón), de apellido Sardetti. Este hombre nunca se los devolvió e incluso, ante cada reclamo, denunciaba a Moreira que terminaba en el cepo.
-El cepo era “estaquear” de pies y manos al castigado que era dejado al sol o en medio del frío, durante horas, sin recibir ni agua.

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Los testigos, algunos de los cuales están citados en el libro, dicen que “Moreira se cansó” y en la pelea perdió Sardetti, ante el facón del paisano. “La policía quiso cerrarle el paso, pero Moreira se defendió, mató a dos policías y otros tres resultaron heridos”.
Así con tres muertes, por el reclamo de una deuda, empezó la vida del fugitivo que debió dejar mujer e hijos y alejarse del pueblo.

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El pueblo elegido para pasar desapercibido y tratar de conseguir trabajo en alguna estancia, fue Navarro. Allí mismo donde Juan Lavalle había mandado fusilar a Manuel Dorrego, después de haber luchado juntos por la independencia y ser amigos.
Cuando se afirma que esta tierra está regada de sangre, no se miente.

(Ilustración de Eduardo Gutiérrez, escritor) (El mismo aparece el mismo, en un dibujo de Stein, aparecido en la portada de la revista El Mosquito, como homenaje a su memoria y una representación de Juan Moreira, beneficio de su viuda)

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