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La Calle

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La frase de hoy: “Al final, ¿seremos un país ingobernable?”.

Ayer para los argentinos y los no argentinos radicados aquí, fue un día especial. Hubo mucha humedad, pareciendo lágrimas de incertidumbre, respecto al futuro.
No hay que asustarse tampoco, porque muchas veces pasamos por cosas parecidas. El techo no se cayó, pero cada vez que el gobierno trastabilla, los que más pierden son los que menos tenemos.

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La Calle suele decir que “viajamos todos en el mismo barco”. No es del cierto. Muchos vamos en tercera clase. Otros, los menos pero con más poder, se movilizan en los grandes trasatlánticos, con todas las comodidades.

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El mensaje del presidente Mauricio Macri, dicho en 4 minutos antes de las 13 del martes negro, no terminó de tranquilizar. Anunció que había hablado con el Fondo Monetario Internacional, una forma de reconocer que “estamos pidiendo auxilio, porque el agua nos está llegando al cuello”.
A nadie hubiera extrañado, ver lágrimas en los ojos del presidente. Tal vez para evitar eso, habló poco.
-Ojalá haya pensado en los pibes que, como Antonia, están esperando un país mejor.

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Después aparecieron los analistas… Que, por lo general, en vez de aclarar oscurecen. Algunos con el bidón en la mano, como para aumentar el susto. Otros, con más carpeta dictada por la experiencia, asegurando que, “el FMI no es el cuco”. El “cuco” sigue siendo el mismo, con el cual nos hacían tomar la sopa.
-Ahora, como otras veces, el FM nos dará un medicamento con sabor amargo.

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Hay que saber qué crisis de este tipo el país ha vivido desde siempre. Desde los desacuerdos de Moreno y Saavedra, hasta los tiempos en que el temor nacional fue alejado por la serenidad del ministro Lavagna. Estuvo con Duhalde y un tiempo con Néstor Kirchner. Luego se perdió en la nada y nunca más lo llamaron.
-Eso suele pasar con la gente que tiene capacidad y éxito; los dejan de lado para que no le hagan sombra a los que tienen aspiraciones.

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El presidente Macri tal vez no durmió la noche anterior. Posiblemente está lamentando no haber designado un ministro de Economía. En ese sentido, el gabinete tiene demasiados bueyes, pero no tirando para el mismo lado. Entonces, el país, como la carreta donde iba la imagen de la Virgen de Luján, no termina de salir del pantano.

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El presidente argentino, es evidente, no contó bien la tropa recibida. El gobierno anterior, dejó la pista húmeda y, por no aclararlo de entrada, la carga es ahora de su absoluta propiedad. Dos años y medio es mucho, para cargar las culpas a los que estuvieron antes.

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Macri está comprobando que manejar el país, nuestro país, con todas sus contradicciones, no es lo mismo que dirigir a Boca. Sobre todo, si dentro de los “barras bravas”, hay muchos empresarios que no lo ayudan, por más que se trate de amigos de siempre.
-Muchos argentinos perdimos la cultura del trabajo, es verdad. Muchos poderosos siempre han cultivado el egoísmo en una gran maceta dónde lo único que importan son sus ganancias.
El patriotismo queda a cargo de los jubilados, de los laburantes, de los desocupados. Roguemos para que la carga se acomode, sin que la sangre llegue al río.

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