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Joven seminarista, ofrece el testimonio de una chica que abortó…

Alejo Pérez Landaburu, opinión y presentación: Lo único que te pido es respeto. No comentes si lo que vas a hacer es dañino.
Estoy formándome para ser sacerdote y me enseñaron que cada vida es preciosa, y que al momento de entrar en cada corazón, había que descalzarse porque “vas a entrar en suelo sagrado”.
Hace unos días me contactó una chica que había pasado por esta difícil situación, ella quería dar su testimonio, pero el miedo la invadía, ya cargaba con lo suficiente como para también recibir críticas verdes. Mujer, yo te agradezco profundamente por lo que compartiste, por abrir tu corazón, por ser testigo de que, “Toda Vida Vale”, por ayudarnos a abrir los ojos. Te quiero decir a vos, y también a cualquier chica que pasó por esta situación, que Dios está siempre con los brazos abiertos para derramar su amor y su perdón “como una caricia, sobre tu corazón”. No estás sola, hermana. Estamos con vos.

-TESTIMONIO:

“A los 15 años aborté, y no por decisión propia. A esa edad no tenía las herramientas que tengo hoy para estar completamente segura de lo que quería en la vida. Pero sí la suficiente presión familiar y social, que me decían que no era lo mejor para mí, que todavía tenía que ir a la escuela, estudiar una carrera, vivir la vida de “una adolescente normal”, que “cómo iba a criar a un nene si ni yo me había terminado de formar”. Y sí. Tuve educación sexual, en la escuela y en mi casa. Y mi novio también. Fue por pura negligencia de no tomarme en serio que a mí me podía pasar.
Estaba de un mes y medio. A pesar de lo que pasaba en mi entorno, en mi corazón siempre quise tener al bebé. Me sentía llena de paz y con esa alegría de no estar sola nunca más. Disfruté el poco tiempo que estuve embarazada y sufrí el pasar de los días, porque sabía que se acercaba la fecha del aborto. Lloré muchísimo. Y terminé aceptándolo, no por no amar a mi bebé, sino por el miedo de tenerlo a esa edad, en un sistema en el cual tener un bebé tan chica, era una complicación. Con mi cabeza de 15 años escuchando los por qué no debería tenerlo, (que no iba a cumplir mis sueños, que me iba a perder de una parte de mi vida, y un montón de cosas más) acepté. Mi novio siempre lo quiso tener. Él tenía 17 años. No quería que abortara, pero me apoyó porque me amaba y sufrió como yo o más y nunca pudo sanar esa herida.
Me llevaron a una casa, más o menos preparada (un living con camilla y acomodada con lo necesario para la operación), y la persona a cargo rompió la única ecografía que tenía, y la tiró a la basura. Después me introdujeron una pastilla, la cual servía para generar contracciones en el útero antes de la operación, ese mismo día. Todo fue muy invasivo para mí. Me fui a mi casa con esa pastilla y a las horas empecé a sentir las contracciones, y con ellas sentía la muerte en mi interior. La sensación más horrible que sentí en toda mi vida. Con cada contracción, sentía que asesinaba a ese ser inocente, dependiente de mí para poder existir. Sentía que estaba traicionado a un ser que amaba con toda mi alma, que no pidió venir pero sí vivir: a mi hijo.
Que su propia mamá lo expulsaba del mundo. Lloré y lloré, y sentí en el útero un dolor muy intenso que no me dejaba caminar y me llevaron volando a hacerme la operación. Me acuerdo que llegué y había dos personas, (dos médicos), que me indicaron que me saque la ropa y me ponga el camisolín. Entonces me fui a la parte de atrás, y le pedí a Dios, que cuide a mi angelito, que lo acompañe al cielo o a dónde vaya, pero que no lo deje solo y le pedí perdón a mi bebé, sintiendo que igual no me lo merecía… A partir de ese momento asumí morirme, no poder tener más hijos, o cualquier otra complicación que sabía que podía tener. Nunca culpé a nadie porque los que se cuidaron mal, fuimos mi novio y yo. Nunca reclamé que me lo hagan en un lugar mejor, porque estaba cometiendo el acto más repugnante de mi vida y aceptaba cualquier cosa que me mereciera por eso. No asumí mi responsabilidad, estaba decidiendo sobre la vida de alguien más, que no se podía expresar, que no se podía oponer y que no podía opinar al respecto. No podía decidir sobre su cuerpo por ser un bebé. Todos tenemos el derecho de decidir sobre nuestros cuerpos, incluso él. Mi decisión ya no era sobre el mío, estaba decidiendo sobre el suyo. Y no tenía el derecho de hacer eso. Me subí a la camilla y sumado a todo lo anterior, me sentía avergonzada de estar desnuda, con gente desconocida tocándome y mirándome. Me pusieron la anestesia y sentí terror (nunca me habían operado antes). Lloré hasta que me quedé dormida. En medio del procedimiento se desvaneció parte de la anestesia y sentí que me estaban desgarrando por dentro (no sé qué estaban haciendo). Grité de dolor o al menos eso creía que estaba haciendo. El anestesista se dio cuenta y me volví a dormir. Al despertar, no tuvieron ni el tacto de esconder las cosas con sangre… Todo a mí alrededor eran gasas o algodones ensangrentados, y estaba muy mareada. Los días posteriores expulsé pedazos de carne blancuzca que nunca supe qué era, y mucha sangre. Y también tenía mucho miedo.
-Sinceramente, mi vida nunca fue igual… Hoy estudio una carrera, tengo “vida normal”, salgo al boliche, pero maté a mi hijo. Hoy tendría 5 años. No puedo decir que esta vida que llevo hoy, es mejor a la que hubiera tenido. Nos falta entender que las personas más fuertes suelen ser las que tuvieron que atravesar más cosas en la vida. Quizás su crianza hubiera sido difícil, mi vida no hubiera sido lo que planeaba, pero ese hijo hubiera tenido la oportunidad de ser una persona fuerte, valiosa, llena de sueños, amada por mí, por su papá y por los que sí me apoyaban en mi familia. Hubiera sido alguien lleno de amor, agradecido de haber nacido, así como yo agradezco de qué mi mamá me haya tenido.
No estoy a favor del aborto. Si lucháramos con tanta fuerza y perseverancia por crear un entorno de contención, de amor, de educación, donde tener un hijo no impida estudiar, no signifique un estigma social, una interrupción de los sueños, o un impedimento de crecimiento económico, hoy ese nene sería mi hijo, porque lo hubiera tenido.
Es muy duro escuchar cómo la gente habla de “una bolsa de células”, refiriéndose al comienzo de una vida. Es duro escuchar argumentos como “podes estar drogada”, “me vas a decir que siempre te cuidas?” “sobre mi cuerpo decido yo” (no es tu cuerpo, tiene un ADN diferente y que dependa del tuyo no significa que no sea un individuo diferente a vos). Los que luchan por los más débiles deberían luchar por un entorno mejor, no por la despenalización del aborto. Podes dar en adopción a tu hijo. Podemos modificar las leyes que obstaculizan las adopciones. Podemos crear espacios mejores para los niños en un hogar. Podemos fomentar la adopción. Podemos contener psicológicamente, emocionalmente y materialmente a quienes por desgracia quedan embarazadas producto de una violación, tanto durante el embarazo como posterior a él, para que se lo dé a una familia y no aborte. Y para las que nos embarazamos por negligencia propia… hay que entender que todo tiene sus consecuencias, que si querés tener la vida que planeas, debes ser responsable. Que hoy podes luchar porque no te abortaron. Que la vida de un bebé no se puede negociar tan fríamente.
-Esta es mi opinión y mi testimonio. Gracias por leerlo”-