Press "Enter" to skip to content

La Calle

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Share on Google+
Google+
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

La frase de hoy: “Aún no es tiempo de pileta; es que el frío siempre vuelve, aunque no alcance a todos por igual”.

Sólo las golondrinas son capaces de buscar las zonas cálidas y para eso vuelan cientos de kilómetros todos los años.
Según Eduardo Falú, hay un lugar en Italia donde se reúnen para tener sus crías. La gente del lugar las espera, con día y hora fijados de antemano. Son un acontecimiento anual, al que con versos de Jaime Dávalos, les hicieron una canción.

Vvvvvv

La Calle se cansa, a veces, de tropezar con realidades que duelen sin remedio. Con afectos a los que quisiera aliviar en sus penas, pero no puede.
Por eso, en este sábado que busca diciembre, como con sed de Navidad para todos, se escuda en esta nota sobre las golondrinas.
Ellas son libres, como el viento. Vuelan hacia dónde les indica el instinto. No todos podemos ser pájaros que buscan su destino.
-Sin embargo, nada nos impide volar con las alas de la imaginación que, Dios querrá -nunca nos abandone-, para llegar lo más lejos posible. Eso sí, sin olvidarnos de volver, a visitar a los seres que hemos querido.

VVVVVVVVVVV

LAS GOLONDRINAS – Canción

Letra: Jaime Dávalos – Música: Eduardo Falú.

¿Adónde te irás volando por esos cielos,
brasita negra que lustra la claridad?.
Detrás de tu vuelo errante mis ojos gozan
¡la inmensidad…la inmensidad!

Veleros de las tormentas se van las nubes,
en surcos de luz dorada se pone el sol;
y como sílabas negras, las golondrinas…
¡dicen adiós…dicen adiós!

Vuela, vuela, vuela, golondrina,
vuelve del más allá.
Vuelve desde el fondo de la vida
sobre la luz, cruzando el mar.
¡cruzando el mar!

Un cielo de barriletes tiene la tarde;
el viento en las arboledas cantando va
y desandando los días mi pensamiento
¡También se va… también se va…!

Cuando los días se acorten junto a mi sombra
y en mi alma caiga sangrando el atardecer,
yo levantaré los ojos pidiendo al cielo
¡volverte a ver…volverte a ver!

ANEXO
Cuenta Jaime Dávalos acerca de esta canción: “En el patio de casa aparecían de pronto, con los primeros colores un día, llenando con sus chirridos de alborozo aquel ámbito de nuestros juegos donde El Tata estaba casi siempre sentado en su sillón de mimbre leyendo. Las campanas de San Alfonso contribuían entonces a insuflarle encantamiento a la visita de las golondrinas en aquellos cielos donde grandes nubarrones anunciaban la próxima estación de las lluvias.
Los días eran largos y se demoraban en la agonía de la tarde. Lo recuerdo. Una tarde así en la que salía de la convalecencia de una larga gripe. ¡Vi tan nítido el aire! Me subí al techo y de espaldas sobre las chapas de zinc aún tibias, miré hacia arriba tratando de abarcar la vasta redondez comba del cielo de una sola mirada, sin pestañar; quería ver todas las golondrinas de una vez, sin necesidad de seguirlas una por una en el vuelo loco con que garabateaban el azul hondo, tiritante de la luz.
En el horizonte cenizo del arrabal a ras de los techos, los barriletes subían como fantasmales rayas coleando, nadando hacia las primeras estrellas pálidas, y el viento hacia saludar gravemente a los árboles. No sé cuánto tiempo permanecí echado así, pero me despertaron aquella fiesta de la contemplación los maullidos de aquellos gatos que ya sentían también como las golondrinas y yo, el advenimiento de la primavera.
Cuando Eduardo (Falú) me hizo oír la música de lo que después sería “Las golondrinas”, voló mi pensamiento tiempo atrás y desandando los días recupero el alborozo triste de aquellas tardes de la infancia; los conmovidos versos de Gustavo Adolfo Bécquer; algo que me dictaba Leopoldo Lugones; y la vida, esa que siempre se nutre de la literatura sin temor de canjear entre ambas, de plagiarse o imitarse, porque las dos son autoras de un sueño en el que devenimos polvo.
-La música, repito, con su fuerza evocadora citó en mi las palabras donde la experiencia sensible de los días lejanos, quedó apenas atrapada, tan apenas como en la red de vuelos de las golondrinas en el ancho cielo del asombro”.

(Jaime Dávalos: “Yo soy quién pinta las uvas”, 1980)

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Share on Google+
Google+
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin