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La Calle

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La frase de hoy: “Cuando florecen los jazmines, es que está llegando diciembre. Vestidos de blanco, perfuman el aire y se van pronto”.

Otro año que se “pianta”, diría Bebo Caval. La llegada de los jazmines, es señal del ingreso del último mes del año, a nuestras existencias. Por un lado, se celebra el perfume que surge de esas flores, rápidas en florecer y también en empezar a vivir el ocaso. Es como si no quisieran
molestar demasiado, aunque nos gusta verlas aparecer en bandadas.Al mismo tiempo, es para lamentar que su aparición signifique que otro año se nos escapa.

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A los dos hay que dar las gracias. A los jazmines que recuerdan el blanco de los vestidos de novia y al año que está por despedirse. En este caso, por habernos permitido transitar las hojas de otro almanaque.
La Calle abre el paraguas, porque no olvida que diciembre tiene 31 días.

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De golpe, La Calle rescató una frase de Bebo. Fue un auténtico personaje, de esos que no se van nunca del todo. Amigo de “chamuyar” en lunfardo, vocabulario surgido de cárceles y prostíbulos…
En el Museo de Bragado, un lujo que a veces no apreciamos, hay prendas que supo usar. Se llamó Evandro Cavalliere, pero el “Bebo”, desplazó al nombre propio.

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En sus buenos tiempos, supo cantar en los mediodías domingueros de Radio Belgrano… Con su atuendo de sombrero, traje blanco y zapatos haciendo juego, fue capaz de parar el tránsito en la calle Corrientes… “Se paraban pá mirarlo…”, sabía decir Jorge Estevarena.
Cantaba y cantaba bien; tenía temperamento y le daba “vida” a cada tema. Una de sus interpretaciones más logradas, según se dice, fue el tango “Contramarca”.

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Pasó años trabajando en la Municipalidad, atendiendo y entreteniendo a quienes esperaban ser atendidos por el Intendente. Había que estar atento a sus palabras, por aquello del lunfardo… “Tengo un sinca…”, podía decir y los desprevenidos creían que era un auto sport de origen francés.
(En realidad, era un viejo Ford, “sin capota…”)

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En el Salón Azul y otros bares del centro y también alejados, pasaba horas, con un “feca” y charlando con los amigos que se iban turnando para escucharlo.
Memoriosos de aquellos tiempos, lo recuerdan de “jatre” (traje) gris, con botones cruzados, cantando en el escenario del club Porteño, para los carnavales que tenían, como presentador, al “Malevo” Román.
Todo comenzó con los jazmines; a partir de allí fue bueno recordar a amigos que siguen estando.

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“JARDÍN FLORIDO” POR EL CENTRO DE CÓRDOBA

Fernando Albiero Bertapelle, más conocido como Jardín Florido, nacido en Italia o en Santa Fe, -no hay certezas-, murió en Córdoba, en julio de 1963… fue un popular personaje que se hizo curiosamente célebre por sus elogios a mujeres que transitaban la vía pública en la ciudad de Córdoba, durante la primera mitad del siglo XX.

SU VIDA

De la vida de este hombre se comienzan a tener noticias cuando arriba a la ciudad de Córdoba y comienza a trabajar de mozo (mesero) en las confiterías (especie de cafés o restoranes de alta categoría), más elegantes del centro de la ciudad.
Es sin embargo en 1936 cuando comienza a llamar la atención de la gente. Ese año, el político y abogado José Aguirre Cámara, traba amistad con Bertapelle y consigue que se le dé el puesto de camarero en el Jockey Club cordobés. El Jockey Club era en esos tiempos, en toda Argentina, uno de los clubes exclusivos de la “aristocracia”. Cuando Bertapelle salía de trabajar lo hacía vistiendo a imitación —casi paródica— de los antiguos personajes de abolengo, esto es: vestido con frac, “galera” (sombrero de copa) y un bastón rematado con una bola de billar de marfil a modo de empuñadura.

Al curioso atuendo le añadía aún más curioso ramillete de flores, que prendía de las solapas, aunque lo más llamativo de todo era su recorrido cotidiano casi ritual, efectuado durante décadas por la calle 9 de julio (entonces la vía más comercial y concurrida de la ciudad); en toda ocasión que se encontraba con una mujer atractiva Bertapelle le decía barrocos piropos, casi gongorinos, genuinos florilegios llenos de curiosa inventiva.

Jardín Florido piropeando a dos mujeres en el centro de Córdoba, aparece en una foto. En la década de 1950 llegó a poseer una cantidad suficiente de dinero como para comprar un automóvil de lujo Packard, que adornó con un par de floreros a los costados. El conjunto hubiera sido estéticamente kitsch si no hubiera estado dentro de un especial contexto: el de la humorada de los cordobeses argentinos, esto es; resultaba curioso y, sobre todo, risueño.

-Un periodista le apodó inicialmente “Ventanita Florida” (título de un tango-canción entonces en boga); poco después, el pueblo directamente comenzó a llamarle “Jardín Florido” y es con ese apelativo con el que ingresó en el folclore.
La existencia de “Jardín Florido” hubiera sido una de los millares de anécdotas—-y acaso de las más intrascendentes— si no hubiera obtenido la categoría de valor simbólico, en este caso el valor simbólico de ser un factor referente para la construcción de identidad de la cultura cordobesa durante el siglo XX. Más aún, pese a su carácter paródico y acaso satírico, “Jardín Florido” significó la emergencia de actores sociales en Argentina: un hijo de inmigrantes que podía acceder a los estratos medios e incluso imitar —humorísticamente— a los grupos adinerados. En efecto, tras lo grotesco existía un elemento de elegante burla en las singulares actitudes de Fernando Albiero Bertapelle.
Esto explica que años después de su fallecimiento sea recordado en letras musicales, poemas y con modestos monumentos.

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