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La estadística que preocupa al peronismo: Con unidad no siempre alcanza, pero sin unidad no se puede

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Desde el ’83 hasta la fecha, el Justicialismo nunca consiguió ganar una elección ejecutiva municipal, cada vez que hubo rispideces entre sus líneas internas. Los tiempos para la oposición se acortan y en el escenario local asoman, al menos, cuatro vertientes peronistas.

El año electoral comenzó y en la oposición al gobierno municipal de Vicente Gatica, siguen luchando contra las dificultades internas para llegar al día de las urnas con una propuesta de unidad.
Más allá de la reciente decisión del concejal Emmanuel Aramendi de integrarse definitivamente al bloque Unidad Ciudadana-PJ, como gesto político en favor de tender puentes entre las diferentes expresiones peronistas que actúan a nivel local, en los hechos el acuerdo todavía aparece más lejano que lo que pregonan las palabras.
Sin ir más lejos y cuando restan pocos meses para la fecha de cierre de alianzas -que podrían ser menos aún si finalmente prospera el proyecto de adelantar el calendario electoral provincial-, aparecen en el escenario bragadense al menos cuatro peronismos: el peronismo “sanpedrista”; el peronismo “durettista”; el peronismo de “Laly” Gatica, y el massismo -que encabezan Mauricio Yaffaldano y Roberto Recalde.
Dentro del primer grupo, aparecen las figuras “herederas” de los años de Aldo San Pedro al frente del poder comunal: el concejal Ramiro San Pedro, la exdiputada María del Carmen “Pupy” Pan Rivas y el exconcejal Horacio Civello, actual presidente del Partido de la Victoria, una creación del fallecido exintendente, para apuntalar en su momento la figura de Néstor Kirchner.
A ellos se suman como parte de un acuerdo, Sergio Barenghi y Gustavo Bartolomé, ambos con pretensiones de candidatearse al máximo cargo comunal; el mencionado edil Aramendi; y otras agrupaciones como La Cámpora, el Sindicato de Camioneros o el Partido Solidario (PSOL).
En el segundo grupo, que tiene al exdiputado Darío Duretti como mandamás, destacan el presidente del Partido Justicialista (PJ) Daniel Jáuregui Lorda y otros integrantes de la agrupación Casa Peronista, como el edil Germán Marini y Leandro Taghón. Se acoplarían a este esquema el abogado Jorge “Chapu” Fernández -con deseos de pelear por la intendencia- y sectores de fuerte inserción territorial, como el Movimiento Evita, conducido por Pablo Groba.
En el tercer grupo, el histórico Eduardo “Laly” Gatica, hizo públicas en reiteradas oportunidades sus “charlas” con antiguos dirigentes de la primera plana del peronismo en la Municipalidad, como el exconcejal Aldo Pissinis y el exsecretario de Gobierno de San Pedro, Sergio Fuentes.
Por último, los referentes del Frente Renovador parecen destinados a jugar dentro del espacio Alternativa Federal, que desde antes de finales de 2018 aglutina al ex diputado Sergio Massa, al senador Miguel Pichetto y a los gobernadores justicialistas Juan Schiaretti (Córdoba) y Juan Manuel Urtubey (Salta).
Podrían también incorporarse a este armado los referentes locales de la agrupación Los Pasos Previos, Mario Castroagudín y Cristian Zerbini, teniendo en cuenta que son hombres cercanos al ex diputado nacional de Junín, Oscar Romero, quien ya proclamó al salteño Urtubey, como su candidato a Presidente.
Ante semejante panorama, pocos se atreven, puertas adentro de las unidades básicas, a ser optimistas de cara a la posibilidad de vencer a Vicente Gatica. Para cambiar el semblante, el paso que acaba de dar el principal bloque opositor en el Concejo Deliberante, debe traducirse al plano del armado electoral, algo que por el momento no parece en vías de resolverse a la brevedad.
Para colmo de males, el peronismo tiene a su disposición el archivo de los resultados electorales del pasado, que muestra a las claras que sólo cuando hubo unidad hubo victoria, aunque no siempre la lista única fue garantía de triunfo. Tras el período de Ricardo Ienco como intendente (1983-1989), la sucesión se resolvió en una dura interna partidaria que dejó cicatrices, y en la que el hombre delegado por el saliente jefe comunal, Vicente Regueira, se impuso a Ramón Cirigliano, pero a la hora de la verdad, el quiebre se hizo evidente y en las elecciones de 1991, una importante cantidad de votos que el justicialismo consideraba propios, migró hacia el vecinal Cruzada Municipal de Bragado, abriéndole al radicalismo de Ernesto Figueras, las puertas del triunfo.
En el ’95, la ecuación se revirtió y el candidato del peronismo, Ramón Cirigliano, se quejó de “la falta de apoyo” de su adversario de la época, el senador y exintendente Ienco, en la elección que la Unión Cívica Radical (UCR) sacó adelante con Orlando Costa a la cabeza. En el ’99, la situación fue aún más adversa, porque el radicalismo se potenció gracias a su alianza con el FREPASO, que en esa época tenía como principal referente en Bragado nada menos que Aldo Omar San Pedro, una combinación que le asestó a la a la Concertación Justicialista para el Cambio, y a un Ricardo Ienco ya en retirada, una derrota lapidaria contra Costa, que consiguió su reelección por más de 10.000 votos de diferencia.
En 2003, la crisis institucional que dos años había resquebrajado al sistema político argentino en su conjunto, también desató una diáspora en el peronismo, que llegó a las elecciones con “Laly” Gatica como candidato a Intendente, pero con profundas heridas abiertas en el camino, como por ejemplo, una llamativa impugnación a Sergio Barenghi, que pretendía postularse con su agrupación “Puro Peronismo”. Pasaron más de quince años desde aquella nueva derrota con el radicalismo de Costa y el exdiputado provincial, hermano del actual intendente, sigue masticando la bronca por “el sector del justicialismo que no acompañó”, sus pretensiones.
Recién en 2007, con la figura de Aldo San Pedro en el cénit de su poder, las fuerzas justicialistas se encolumnaron detrás de un liderazgo claro, que a nivel nacional encontraba al kirchnerismo frente a las riendas del país. El esquema se mantuvo en 2011, cuando el Frente para la Victoria logró una cómoda reelección a nivel local, frente a la oposición que llegó disgregada a las urnas, con varios candidatos a Intendente y con el frente Cambiemos todavía lejos de la imaginación política de los dirigentes del centroderecha nacional.
Los problemas recrudecieron en 2015, cuando “Laly” Gatica desafió la continuidad de San Pedro en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO); y pese a que el entonces intendente logró sortear el escollo en su camino a buscar una nueva reelección, la relación entre ambos sectores quedó desgastada y la brecha se profundizó con la derrota en las generales del kirchnerismo, a manos de Vicente Gatica.
En octubre próximo se cumplirán cuatro años de aquel escrutinio. En el medio, se produjo la muerte de Aldo San Pedro y un nuevo revés electoral para el peronismo en las legislativas de 2017. Resta poco tiempo para comprobar si las fuerzas de la oposición aprendieron la lección de los últimos dos llamados a las urnas. Y el margen es cada vez más angosto.

 

Los dirigentes del peronismo comienzan a ser apremiados por el tiempo en la búsqueda de llegar a acuerdos.

 

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