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La Calle

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La frase de hoy: “Uno cree que lo de uno es lo peor, pero no hay que olvidar de mirar a nuestro alrededor…”.

Un buen amigo llamado Edgardo… Hay una obra teatral que se titula “La importancia de llamarse Ernesto”. No la vimos, pero algún dato trataremos de encontrar. Por ahora, nos referiremos a Edgardo, un hombre que hizo y hace cosas. Ahora está sufriendo, pero sintiendo que no está solo.

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La Calle tampoco suele pasarla mal. No todo en la rutina diaria, juega a favor. Pero tiene mucho para agradecer, porque también siente compañía, aunque no todo sea coincidencia.
-La vida no se hace fácil; pero se trata de no abandonar las convicciones, ni la confianza en el Señor.

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Edgardo hace años que es conocido en Bragado, aunque pasa días fuera de la ciudad. Aquí llegó joven, con su esposa, que ahora tiene unos problemas de salud, razón por la cual la acompaña y cuida más.
El matrimonio tuvo tres hijos, dos varones y una mujer. Cada cual en lo suyo, ayuda a superar estos momentos.

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Es ferroviario y dirigente sindical, es decir, representa a sus compañeros, en una tarea que no es sencilla. Sobre todo, porque los trenes vienen arrastrando un maleficio que tarda en irse.
Edgardo ha defendido el sistema, convencido y con total honestidad, tal vez necesitado de más compañía, pero sabiendo que hizo lo que debía.

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Con un nudo en la garganta –más de un momento compartido-, está seguro que este momento de la salud de su señora, habrá de ser superado.
“Tengo mucha gente que, sin conocer a mi familia, nos acompaña; hay quienes rezan por nosotros y luchamos con toda la fe, sabiendo que estamos para eso, para acompañar a los seres que queremos”, dijo.

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En todo caso, sin darse cuenta, está recibiendo de muchas personas, la siembra que vino haciendo durante años, tratando de defender la seguridad laboral de sus compañeros. Convencido que era lo justo, aunque nadie se lo dijera.
Ahora se da cuenta del valor de seguir los dictados del corazón. A veces es bueno pensar en los demás, para terminar pensando en lo aprendido en beneficio propio. Este es un caso.

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La Calle sabe que volverá a encontrarse con Edgardo, aquí o en otro sitio. Es que ha entendido, aunque le llevó tiempo, que “hay que hacer bien, sin mirar a quién”.
Y que la vida, que controla buenas y malas acciones, termina por tender la mano.

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El tiempo pasa y llegaron los nietos, otra forma de premiar el esfuerzo de un luchador. Edgardo lo relata y los ojos se le nublan por las lágrimas que quieren bendecir el alma dolorida, pero decidida a no dejar el camino que ha seguido…

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Edgardo y La Calle se encontraron en una esquina cualquiera. No en el centro, donde hay cosas que no se entienden. En la soledad y el silencio, encontrando coincidencias entre una y otra vida, se puede percibir mejor la realidad.
No todo está mal. Nos duelen cosas, pero mantenemos la fe y tratamos de estar cerca y recatar los buenos momentos vividos.
Hay gente que está realmente mal, sin espacio para enmendar las omisiones. Es más triste esa situación.

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Mientras haya tiempo, hay que hacer lo posible. Siempre hay algo que alivie las penas, los dolores, el desconcierto.
Los hijos están y no se irán, acompañan y se acompañan con los nietos que por algo llegan y son capaces de regalar cariño y ofrecer cuidados.
La vida no siempre es color de rosa; mucho es lo que podemos aportar, cada día, para ser menos triste el tránsito de cada jornada.
-Edgardo se despidió para seguir su tarea. La Calle apenas alcanzó a musitar un ruego para qué todo mejore. Él se lo merece; tal vez La Calle también, puede hacer las cosas menos pesadas…

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