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La Calle

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La frase de hoy: “Las distancias no cuentan, cuando el sentimiento hace de intermediario…”.

La Hermana SEEMA está pasando sus últimos días en Bragado, al menos por esta etapa. Ha pasado aquí seis años, en la casita del barrio Fátima, pero conociendo gente de todos los rincones.
Se puede asegurar que su paso no ha pasado desapercibido. Por su personalidad, transparente y directa, se ha ganado la confianza general.
La idea era “despedirla”, a través de sus palabras, dejando un mensaje. Sin embargo, está claro que su legado ha sido la propia tarea a lo largo de cada día.

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La Hermana SEEMA viajó a su pueblo, Mangalore, en la India, el día 22 de octubre. Tenía dos motivos: El casamiento de su hermano Alwyn y la fiesta por cumplir 15 años de haber profesado sus votos como religiosa.
“Cuando salía de casa, ese día, recibí un mensaje sobre mi mamá… y todo empezó a cambiar”, recuerda ante La Calle, tratando de ordenar las fechas.

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Seema aún no asumió que el viernes 22 estará viajando a su nuevo destino en Formosa, aceptando una decisión de la Congregación Hermanas de Santa Ana, a la cual pertenece.
Ahora está en Bragado, conmovida por la despedida que le brindaron, con la presencia del Obispo y muchas personas de todas las edades, que le expresaron su afecto.
Está en Bragado -en la casita ubicada frente al ombú-, pero sin haberse desprendido de todo el bagaje de sensaciones que vivió en su país, frente al dolor y -casi al mismo tiempo-, en medio de una celebración…

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“Estuve cien días en casa”, cuenta. Ligada a sus raíces, habiendo perdido a su mamá y participado de la boda de su hermano, aunque deseando volver a Bragado, donde la esperaba, su misión al servicio de la fe.
Ser sembradoras de esa semilla significa, para las religiosas, una carga aceptada, pero no siempre fácil de sobrellevar.

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Su mamá, Matilda D´Souza, sufrió quemaduras, estando en su casa. Esto pasó el 22 de octubre y aunque pareció poco importante, debió ser internada y su estado fue desmejorando gradualmente. Se agravó y finalmente falleció el día 30 de octubre, teniendo sólo 57 años de edad.
Ese mismo día, 22 años atrás, había muerto su papá.

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Seema se quedó sola en la casa de sus padres, ahora vacía. Allí, entre recuerdos y viviendo la pena de la pérdida de su mamá, aguardó el día del casamiento de su hermano.
Alwyn –el varón de la familia- y su esposa Merlyn, tuvieron una hermosa ceremonia, donde ella ocupó el lugar de la madre ausente… 20 sacerdotes y 10 religiosas, acompañaron todo el acontecimiento.

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Seema dijo a La Calle que vivió dos despedidas en pocos días. Antes de viajar a su país, supo del cambio de destino e inició el “hasta siempre”, hacia un Bragado que está definitivamente en su corazón.
Ella viene de vivir, casi lagrimeando, sus 15 años con los hábitos. Ha puesto al servicio de su dolor, la mayor cuota de confianza en el reencuentro con sus seres queridos y expresado para ella, las palabras de consuelo muchas veces dichas ante seres cercanos y anónimos.

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Sus ojos brillaron todo el tiempo, con la fortaleza que aprendió viviendo la fe en los designios del Señor. Durante la charla, apenas la sonrisa pareció marchitarse por momentos, pero fue rápida la recuperación.
-SEEMA dijo que quedan en la Casa, las Hermanas Aya, Yoti y Leticia.
-Que mañana, 21 de febrero, a las 20 horas, en Santa Rosa, se hará la fiesta de la Congregación.
-Que el viernes 22 (número que aparece seguido en su vida), habrá de recorrer los 1200 kilómetros hacia su nuevo destino. Con la certeza de volver y de mantenerse comunicada con el Bragado, que aprendió a querer.

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