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La Calle

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La frase de hoy: “Sumar años no es aumentar sabiduría, sobre todo si no siempre hay voluntad de escuchar”.

La opinión de los veteranos suele no servir para mucho. En especial cuando, ante la puerta de algún problema, aparece el cartel de “prohibidas las visitas…”.
Desde el ámbito profesional, los pedidos de “voluntarios”, no siempre son para tener en cuenta. Hay quienes, dispuestos a colaborar, no tienen otra opción que esperar en vano.

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La Calle ha perdido demasiados escritos… Tal vez, intrascendentes, aunque eso no se sabe hasta el análisis final. Habría que buscar en la colección para encontrar algo de utilidad.
-La publicación de pensamientos, no asegura otra cosa que vida en el papel… De allí a que se los tenga en cuenta, hay un largo trecho…
Los consejos, en general, incluso los del Viejo Vizcacha, no tienen asegurada su comprensión.

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La Calle tenía escrita la página del lunes 4. De golpe, se perdió en los incomprensibles vericuetos de la computadora. Tal vez, ella tenga el olfato necesario para “eliminar” lo que nada aporta.

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La Calle que no fue, intentaba “analizar” algún misterio de la política. Por ejemplo, se preguntaba por el mayoritario rechazo al presidente de la Nación.
“Es un cargo no fácil…”, se reiteraba. Además, se aceptaba que tanto al Municipio de Bragado, como a la Gobernación, se les reconocían méritos.
Teniendo el gobierno tres pilares, algún mérito debía tener el de más alto nivel.
-Sin embargo, la lógica parece no llevarse bien, con el arte de la política…
-La política, por su parte, no anda bien con la justicia social, esa que iguala a la gente, al menos un poco.

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La Calle, a partir de los palotes del primario, supo escribir utilizando las viejas máquinas, a las cuales había que cambiarles la cinta. Como los escritos se trasladaban a papeles, era difícil perderlos, salvo que se los llevara el viento.
Cuando no gustaba el contenido de la crónica, quedaba la opción de hacer un bollo y arrojarlo por la ventana. La decisión era del escriba.

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Después se pudo aprender el sistema Morse, por el cual se comunicaban las estaciones ferroviarias. Aquello de las rayas y puntos, terminó siendo un medio que pasó al museo, aunque aún se lo recuerde con nostalgia.
Lo que nos falta y ya no llegará, es el conocimiento del Brayle, mediante el cual escriben y leen los ciegos.
-Es posible que, por vía de los sentimientos, se nos haya trasladado algún conocimiento. Quienes no ven con sus ojos, tienen luces en el corazón, lo que ayuda al equilibrio.

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Habría que haber estado. El día que llegaron a Bragado los soldados del Mayor Eugenio Del Busto, ¿quién escribió la crónica?.
Parece que fue el propio fundador, el que dejó asentada su llegada, mediante una carta que le mandó a quien estaba a cargo del fortín en 25 de Mayo. Parece que pidió algo de yerba para el mate cocido…
No estaban ni la computadora, ni el telégrafo, ni los chasquis movilizándose en parapentes…
-Por suerte, los pueblos se fundaban aún lejos de los adelantos de la modernidad.

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En febrero de 1877, según constancias, llegó el primer tren a Bragado, es decir, con un atraso de 30 años, respecto a la fundación.
-Ese día, fue el telégrafo el que anticipó la llegada…
En cambio, hoy en tiempos de la computadora, apareció el aviso de la desaparición del servicio, “sin intenciones de volver”, por razones de presupuesto…
-Samuel Finley Breese MORSE, inventor del telégrafo, nació en Bostón el 27-04-1791 y murió en Nueva York, el 2 de abril de 1872.

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Mejor lo dejamos allí. No sea cosa que se nos hagan cargos por estar en contra del progreso. Por supuesto que no es así, siempre y cuando lo nuevo, esté al servicio del bienestar de la gente.

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