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La Calle

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La frase de hoy: “Hay días en que, pese a la tormenta, asoma por un ratito el sol”.

Es cuando se entiende que no hay que desesperar y mantener la esperanza, aunque de golpe se oscurezca el cielo. En todo caso, debido al contenido de la frase, La Calle agradece la ayuda, llegada desde el lugar de la fe. Se trata de pedir, con la certeza que las buenas intenciones, terminan saliendo adelante.

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El Correo suele llegar rápido… Pasó ayer, según relato de un vecino. “Estaba saliendo para la esquina de Belgrano e Italia, en busca de un envío que necesitaba con urgencia. Justo en ese momento, el timbre anunció la llegada del empleado del Correo que entregó la encomienda”.
Este señor se evitó una salida y comprobó que el servicio se presta bien. Es uno de los testigos a favor, por si hiciera falta…

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También es cierto. Hay quienes se quejan por la demora en la entrega de facturas de servicios. Por lo general, piensan que es cosa del Correo, el no cumplir con su tarea a tiempo.
Sin embargo, está comprobado que no todas las empresas mandan sus boletas de cobro por intermedio de Correo Argentino.

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Algunas de ellas, tienen repartidores propios y otras ni las mandan, convencidas que los usuarios terminan cumpliendo con los pagos por decisión propia, mecanizados por la costumbre de “cumplir para no quedarme sin el servicio”.

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En el Correo existió desde siempre, el sistema de comunicación vía telégrafo. Seguramente ya pasó a la historia, aunque perdure en los armarios algún manipulador, con el cual se trasladaban al papel, todas las comunicaciones.
Símbolo del envío de correspondencia, fueron los buzones que, pintados de rojo, estaban en determinadas esquinas, esperando que los vecinos depositaran allí sus cartas.

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El final de la historia, no pudo escribirse por desconocimiento. Es un recuerdo que La Calle heredó del lejano Servicio Militar. Un soldado, supongamos que llamado Iván, escribía cartas a su novia, Mercedes. Era frecuente que acortara el tiempo de las guardias, llamadas “imaginarias”, para expresar sus sentimientos hacia la chica que esperaba el día en que no debiera volver al Cuartel.

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Lo lindo sería saber si aquel noviazgo floreció en familia. A esta altura, habiendo pasado unos 60 años, no es fácil viajar a Carlos Tejedor, para rastrear datos que ayuden a ponerle fin a este hecho real.
En todo caso, no hay que demorar tanto, para hacer este tipo de investigaciones… Que son intrascendentes, es cierto. Que sirven para rescatar sentimientos y costumbres, también. Como en las novelas policiales, es bueno un poco de misterio, dejando el final a cargo de los lectores.

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EN EL BUEN RECUERDO
En el día de ayer, 7 de marzo, se produjo el deceso del vecino Enrique “Quique” Roldán, a la edad de 73 años.
Trabajador de toda la vida, una dolencia le quitó su natural disposición y nada se pudo hacer para evitar el desenlace. Es frecuente el razonamiento: la ciencia no puede frente al Destino.
En el balance inevitable, surgieron con nitidez sus virtudes de buen vecino; de jefe de familia ejemplar y abuelo que disfrutó de sus nietos, a quienes legó la transparencia del espejo de su vida.
Quienes transitan de este modo, perduran a través de las buenas acciones llevadas adelante en la vida.
El sepelio tuvo lugar ayer por la tarde, en el Cementerio Privado Solar de Paz, previo responso en el lugar, en medio de sentidas expresiones de adhesión al dolor de sus seres queridos.

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