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Como siempre, el problema es la elección

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-Por un simple observador
Pasó un buen tiempo. No recuerdo cuánto, pero estoy seguro de que es mucho. Y siempre me aparecen esas cosas que me hacen detenerme más de lo normal.
No sé por qué. Tampoco me interesa el motivo. Debe ser que mi mundo interno no está preparado para algunas cosas. Eso me preocupa y, al mismo tiempo, me gusta.
La cosa fue que volví a escuchar el tema de Carlos. El de la bailarina llamativa, ese que sonó por el aire hace más de diez años. El hombre se había enamorado de esa loca que seguía los pasos de su madre.
Me hacen pensar esos temas que escuchaba al palo cuando era pibe. En ese tiempo no me daba cuenta de nada. Ahora no es que cambié mucho, solo que me llegan de otra manera.
Carlos mandó la canción en un disco que le dedicó a la compañera de la guitarra que lo dejó, la que no tiene nada que ver con la bailarina. Esta chica lo haría para siempre. La bailarina… sabrá él.
En mi caso, la bailarina no es tal. Es la chica de las ruedas. Es una distancia que siempre existió y creo que no podré achicar. Y menos cuando me pasa cerca.
Carlos iba más allá cuando imaginaba lo que podía pasar si sus palabras no conseguían rimarla. Yo me quedo donde estoy, esperando poder verla en algún pasillo si me llama la agenda.
La chica de las ruedas, esa que me gusta mirarla. Parece una mujer muy tranquila, feliz, compañera. Hasta ahí puedo llegar. Si avanzo, patino y sumo metros a la distancia.
Esto es muy personal, tanto que jamás lo sabrá. Algo que se mezcla con las otras historias de silencio. Me sorprendo de nuevo y no lo oculto. Bien podría ser que cuando consulté en su lugar alguien lo haya advertido.
La chica de las ruedas, esa que me atrapó desde el primer encuentro. No me queda otra que esperar algún evento, choque casual o algo por el estilo. Sé que ella no puede ser y de nuevo me recuerdo que es problema es la elección.

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