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Pedrito Abentín feliz en su casa…

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Llegar a la casa de la calle Falcón, frente al lugar donde acampan los parques de diversiones y circos, no fue difícil.
Tocar timbre y ser atendidos por Anabel, fue el paso previo a encontrar a Pedrito, en vivo y en directo, con ojos sorprendidos, en brazos de una de sus hermanas.
Lo suyo, con apenas tres años, fue una experiencia que por ahora guarda en la memoria y, en algún momento, podrá explicar en detalle.
La intervención que hizo posible el trasplante hepático, debido a una dolencia poco común en el mundo, demandó siete horas.
Toda su familia, a partir de mamá Adriana y papá Fernando, vivió todo un tiempo que pareció mucho más largo. Es que la espera del donante fue extenuante, superado por el apoyo de la comunidad toda y la confianza nunca perdida.
Después de casi tres meses, Pedrito volvió al paisaje conocido, en su casa y en medio del enorme afecto de sus seres queridos. Sabe que pasó el momento más dramático y que deberá aprender muchas cosas, como parte de su recuperación y crecimiento.
Después de la visita, junto a la promesa de una nota con toda la familia, quedó la decisión de insistir en la donación de órganos, como una respuesta solidaria frente a muchos que esperan en medio del riesgo y la lógica ansiedad.
Por ahora, la foto que publicamos es la viva imagen de la buena noticia…

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