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Ese que fue, duerme y pide a gritos volver a ser

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-Por un simple observador

Por cosas de ciudad no tan grande, una buena parte de sus vecinos prefieren esa esquina para pegar la vuelta. Una que está bien definida y el perro que sale de ahí es otro que comparte el lamento.
Una de las preguntas comunes sería algo así como ¿quién no? Es que al pasar tan cerca genera un mundo de cosas, ese que permite viajar al pasado, contemplar la zona y sentir orgullo por donde uno nació.
Lo que se abría para recibir a los vecinos, hace unos cuantos calendarios que no se da. Y ya no es solo una cuestión de algo cerrado, sino de eso mismo en un descanso que puede incomodar.
En ese viaje al pasado, están los helados que salían por la ventanita del costado, y las golosinas y revistas que hacían lo propio por la mejor esquina. Ni hablar de las travesuras en el teléfono y el lugar estratégico para la escondida. Y todo lo demás.
Esas cosas de ciudad no tan grande vuelven. El lugar, mejor que similar a eso, es muy chico y resultaba difícil entender cómo entraba todo. Pero ahí estaba, lleno de vida, con la mejor presentación para los desconocidos que paraban al frente.
También aportan lo suyo la veredita que lo acompaña, una parada de taxi que sigue más firme que nunca y el verde natural. Todo suma a la hora de refrescarlo como un lugar muy especial.
Los que lo vieron lleno de vida, esperan que vuelva a abrir sus ventanas, que bien podrían ser sus ojos. Resulta imposible no recordarlo con cariño, por todo lo que dio. Es el kiosquito de la estación, lo que fue y lo que será.

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