Press "Enter" to skip to content

Científicos del Conicet y la UNLP monitorean plagas de jejenes en la provincia

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

(DIB).- Llega el verano y en las zonas húmedas cercanas a ríos, en la provincia de Buenos Aires, cobra protagonismo una de las especies más molestas del ecosistema pampeano: el jején, también llamado barigüí, paquita, simúlido, mosca negra o Simulium chaquese, tal su denominación científica.

Ante la proliferación y situación de plaga que se da en algunos distritos, un grupo de especialistas de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (Cicpba), miembros del Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (Cepave, Conicet-UNLP-asociado a Cicpba) colaboran con las autoridades para controlar el avance y la multiplicación excesiva de este insecto.
“Lejos de ser algo nuevo, este problema viene por lo menos desde el año 2000, cuando el jején colonizó toda la cuenca del Río Salado, que en territorio bonaerense se extiende a lo largo de casi 700 kilómetros y atraviesa más de quince municipios. Llegó desde las provincias del norte argentino a través de las sucesivas inundaciones. Si bien convive con otras tres especies, S. chaquese es la más agresiva con los seres humanos”, explicó Juan José García, investigador de la Cicpba, a cargo del mencionado proyecto.
Para reproducirse, el barigüí necesita aguas correntosas y transparentes, con lo cual se asienta perfectamente a lo largo de ríos y arroyos. La primera ciudad bonaerense en padecer la invasión fue Junín, pero continuó extendiéndose hacia otras como Alberti, Roque Pérez, Bragado, General Belgrano, por citar algunas. En todas ellas, la presencia del insecto afecta la calidad de vida de las personas pero también las economías locales, teniendo en cuenta que algunos sitios ofrecen atracciones turísticas como complejos termales y parques con lagunas que se tornan imposibles para los visitantes. “El mismo perjuicio alcanza a la producción agrícola ganadera, porque la mosquita devora a los animales y a los trabajadores del sector desde las siete de la mañana hasta que se va el sol”, agregó el científico.

FORMACIÓN
El proyecto que comanda García busca formar a los agentes municipales encargados de fumigar y erradicar larvas y de asesorarlos respecto del tratamiento a realizar. “El problema es la falta de coordinación y sistematicidad: la fumigación tiene que ser ordenada y sostenida en el tiempo”, remarcó García, quien junto a su equipo de trabajo han recorrido varias veces las zonas afectadas de los distritos bonaerenses.
“La situación en cada municipio es dispar debido a varias cuestiones, entre ellas la económica, ya que muchas comunas no tienen los fondos suficientes para comprar el producto sistemáticamente. Si se abordara a nivel provincial, las posibilidades serían mayores. La realidad es que hay casi dos millones de bonaerenses que sufren este problema, y pertenecen a regiones muy productivas”, consideró García, y concluyó: “Nosotros como científicos queremos aportar para resolverlo, porque si no atendemos los problemas del pueblo, sinceramente no sé para qué estamos”.

Fuente: DIB.

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin