Press "Enter" to skip to content

VINOTECA LA BODEGA

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

¿De qué hablamos cuando hablamos de vinos sustentables?

La huella de carbono mide con exclusividad las emisiones de dióxido de carbono (CO2). Sin embargo, otras definiciones más amplias de este concepto establecen que la HC es una especie de inventario de emisiones de gas de efecto invernadero, expresado en términos de concentración en kilos de CO2. La huella de carbono, entonces, es una herramienta de sostenibilidad efectiva para la gestión energética y ambiental de una bodega porque permite cuantificar las emisiones de GEI y, sobre esa base, disponer del adecuado manejo de sus operaciones y procesos.

En este sentido, constituye una herramienta para identificar y cuantificar las fuentes de emisiones de GEI en el proceso productivo y de comercialización del vino y en función de ello permite definir políticas de reducción de emisiones costo efectivas y eficientes.
En los últimos años el término huella de carbono, está tomando cada vez más relevancia, imponiéndose con más fuerza en el plano comercial y dentro de las organizaciones no gubernamentales. Con ello, se pretende brindar al consumidor información ambiental específica sobre los vinos que descorchan.
Esta acción es notoria y creciente en empresas; y cadenas de ventas minoristas en numerosos países de Europa y en América del Norte. Sin embargo, en los países en vías de desarrollo la inclusión de la medición de la huella de carbono es reciente y está poco difundida en la mayoría de las industrias.
Por su lado, el concepto de huella hídrica es similar al anterior, pero contabilizando agua en lugar de gases. La huella hídrica fue concebida como una herramienta analítica, geográficamente explícita, para abordar cuestiones referidas con políticas de seguridad hídrica y uso sostenible del recurso hídrico, relacionando la ubicación (y la extensión) donde se produce el uso con el consumo que realizan las distintos consumidores. El cálculo de la huella hídrica permite cuantificar el volumen total de agua consumida y/o contaminada por unidad de tiempo que se emplea para producir un vino.
La metodología de la huella hídrica permite, a quien realiza el estudio, poder identificar y cuantificar el uso y consumo de agua según el origen de la misma. De este modo, se tiene tres huellas: azul, verde y gris. La huella de agua azul se refiere al consumo de los recursos de agua superficial y subterránea a lo largo del ciclo de vida del vino. El consumo se refiere a la pérdida de agua disponible en un depósito superficial en la zona de captación. Las pérdidas se producen cuando el agua se evapora, vuelve a otra área de influencia, al mar o se incorpora a un producto. La huella hídrica verde representa el consumo de agua de lluvia en la medida en que no se convierta en escorrentía. Por último, la huella de agua gris se define como el volumen de agua dulce que se requiere para asimilar la carga de un contaminante dado y llevarlo a concentraciones admitidas en las normas de calidad del sitio donde se realiza el estudio. En el caso de un producto de base agrícola (como es el vino), la etapa de desarrollo del cultivo, que es materia prima del producto, se considera como un proceso: el proceso de crecimiento del cultivo.

Fuente: Mariana Gil Juncal
Licenciada en comunicación social, periodista y sommelier.

DIVIÉRTETE CAPTANDO DIFERENCIAS DE SABOR CON ESTE EXAMEN GUSTATIVO DEL VINO
Cuando pensamos en un experto catador introduciendo su nariz en la copa, porque el mundo del vino es lo que es por su abanico aromático, con la boca en su fase gustativa podemos apreciar una amplia gama de sutiles matices que resulta interesante conocer si se quiere disfrutar plenamente el vino.
A continuación presentamos un divertido examen gustativo gráfico para que descubras punto por punto todo lo que la boca puede percibir si le presta un poco de atención.
Para realizar el ejercicio primero introducimos en la boca unos centímetros cúbicos de vino, un pequeño sorbo y levantando ligeramente la cabeza, se deja correr sobre la lengua, primero por los lados y después hacia el fondo. Es así como se evalúan sucesivamente azúcares, alcohol, cuerpo, acidez, suavidad y astringencia.
Cada valoración no debe superar los 10-15 segundos. Lo aconsejable, en lugar de mantener demasiado tiempo el vino en la boca, es repetir otra vez el examen, ya que la temperatura, más elevada, y la disolución en la saliva acabarán, casi con toda seguridad, por modificar la percepción de los sabores.
Se traga entonces el vino y se valoran las sensaciones finales y la intensidad de la persistencia aromática.
Tras la deglución se espira por la nariz, con lo que se envían a la mucosa olfativa y se perciben nítidamente los aromas presentes en la boca.

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin