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La Calle

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La frase de hoy: “En estos días de un enero caluroso, da frío pensar en la muerte de Cabezas, a quien no hay que olvidar…”.

El diario de hoy contiene la crónica del acto realizado en la plaza San Martín, ante el remozado monumento a José Luis Cabezas, realizado por Felipe Amado.
El 23º aniversario de la trágica muerte a manos de mercenarios sin sentimientos, deberá ser aprovechado para activar compromisos de cronistas, periodistas y vecinos en general.
Porque morir a los 35 años de edad, lo merece y, además, porque los chicos y jóvenes de hoy deben tener espejos o, al menos, información.

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José Luis Había nacido en Villa Domínico el 28 de noviembre de 1961, es decir en tiempos del gobierno de Arturo Frondizi. El crimen que segó su vida se produjo en Pinamar, el 25 de enero de 1997.
Todo a partir de una foto que Cabezas sacó de Alfredo Yabrán, para la revista Noticias.
El poderoso empresario, ligado a hechos de corrupción, odiaba aparecer fotografiado, tal vez por una razón de conciencia…

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Quienes mataron al fotógrafo, estando Carlos Menem en el gobierno, no pensaron que, al mismo tiempo, decretaban el fin de su “jefe”.
Yabrán se suicidó con un disparo de escopeta, en una estancia de su propiedad, el 20 de mayo de 1998, cuando todo indicaba que iba a ser detenido por el crimen de Cabezas.
En aquellos días, costó creer la versión del suicidio…, basados en el poder de que disponía el empresario, de 54 años de edad.

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En Pinamar, junto a Cabezas, estaba trabajando Gabriel Michi, periodista de pocas palabras que, por aquellos días, era blanco de todas las entrevistas. Escribió un libro contando su experiencia y relatando los últimos días que pasó junto a José Luis, convertido en un símbolo de la libertad de opinión y el derecho a informar.
Por esos valores, sin buscar mucho más, merece ser no olvidado. ES más que suficiente.

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En el acto realizado en Bragado, en medio de un silencio respetuoso y con presencia de autoridades municipales, se reiteró que el compromiso del periodismo, se mantiene.
Mientras haya injusticias sociales y el egoísmo sea una barrera que impide vivir en un país más equitativo, no hay que abandonar la lucha.

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Mientras haya muertes de inocentes y escasas penas para sus responsables, no habrá que aceptar que ese es el modo que los argentinos elegimos para vivir.
En la década del 90 -información para jóvenes que tal vez no han oído comentarios, ni información al respecto-, se produjo la muerte de María Soledad Morales, estudiante, en Catamarca, a cuatro días de cumplir 18 años de edad.

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Sus padres y especialmente la religiosa Martha Pelloni, lucharon en forma incansable para lograr que los responsables pagaran.
Hijos del poder o amigos de ellos, terminaron presos con privilegios y pasando pocos años, pese a la dimensión del delito cometido.
En aquel entonces el diario “El Ancasti”, fue importante para que el caso no se cerrara mucho más rápido.

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Se pensó que habría “un antes y un después” del caso de María Soledad. Sin embargo, no fue tan así. Sigue habiendo hijos y “entenados” en una sociedad que suele rendir culto a los poderosos.
Como decía Martín Fierro, sigue siendo buen negocio hacerse amigo del juez… La figura de la Justicia, con los ojos vendados, suele hacer trampas, porque suele queda un resquicio para “espiar” y adoptar la decisión más conveniente.

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El periodismo que defendía Cabezas y su generación, buscaba eliminar los privilegios, con los ciudadanos iguales ante la Ley. Eso sigue siendo un anhelo a compartir, sin resignaciones.
Cuando eso se transforme en un modelo de vida que defendemos, estaremos más cerca de la dignidad como personas; hermanos de nuestros hermanos.

José Luis Cabezas y Gabriel Michi.

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