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La Calle

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La frase de hoy: “Cuesta llevar una contabilidad que puede llegar a incluirnos”.

Fue un domingo que no pareció domingo. Los datos llegados del noticioso, indicaban que se habían producido 41 nuevos casos en todo el país, la mayoría en la ciudad de Buenos Aires. Cada uno de nosotros quisiera ayudar, sin saber el modo… Hay quienes indican que “lo mejor es quedarse en casa”, lo cual no es suficiente para conformarnos, pese a que, por razones de almanaque, estamos dentro de “mayor riesgo”. Uno no quiere dar trabajo ni a la familia, ni a los médicos, enfermeras y mucamas, que tendrían que ocuparse de un viejito desobediente…
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La Calle trata de buscar temas ajenos al tema de todos los días, en estos días… De tanto hurgar, terminamos decidiendo recordar tiempos que algunos no vivieron. La historia de Juan Manuel Fangio, es igual a la de otros muchos que “hicieron caminos donde no los había…”. Son privilegios que uno tiene y no siempre valoriza: Cuando el cinco veces campeón del mundo, empezó a correr en autos, ya teníamos cuatro años… Pronto se cumplirán 25 de su etapa más larga, la de la entrada a la ancha avenida de los recuerdos… En estos días, con tiempo para todo, queda espacio para agradecer por seguir estando.
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Ver la serie sobre la vida de Fangio, por ejemplo, permitió visualizar imágenes de la Buenos Aires – Caracas, una carrera histórica donde el futuro campeón del mundo se accidentó en la 5ª. etapa y los hermanos Juan y Oscar Gálvez, se retrasaron en la última etapa. Venían adelante y la ventaja se evaporó. Es que los motores estaban cansados por el esfuerzo realizado. Para Oscar no quedó nada, mientras que Juan quedó tercero en la general, detrás de Marimón y Marcilla.
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Se regresó a Buenos Aires desde Lima y allí Oscar que había largado 49°, a los 150 kilómetros estaba segundo. Ganó la vuelta de la Caracas, pero aquella frustración lo marcó y mucho. Tal vez encontró consuelo cuando, a los pocos meses, le ganó a los pilotos extranjeros, bajo la lluvia, en un circuito callejero improvisado en Palermo. Aun así, prefirió seguir corriendo carreras en ruta y lo hizo hasta los años 60.
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JUAN MANUEL FANGIO, EL MEJOR DE TODOS…
Nació en Balcarce, el 24 de junio de 1911, aprendió mecánica “mirando” la tarea de otros y muy joven, decidió que lo suyo sería correr en autos. Teniendo 30 años, ya era conocido por participar en carreras de la Mecánica Nacional y empezó a correr en el Turismo Carretera. Fue protagonista de un hecho doloroso cuando tuvo un vuelco en territorio peruano, dentro de la carrera Buenos Aires – Caracas. Allí, de noche y por caminos que nadie conocía, perdió la vida su acompañante, el mercedino Daniel Urrutia.
Siempre corrió con Chevrolet, marca que defendió hasta el momento de viajar a Europa, con ayuda del gobierno de entonces, junto con Pascual Puópolo y Oscar Gálvez. En principio tuvo la ayuda de Aquiles Varzi. Se destacó rápidamente por su calidad de piloto, para lo cual sus conocimientos de mecánica lo ayudaron mucho. Hay una serie que destaca su trayectoria, a lo largo de 10 años. En ese lapso, logró 5 títulos de CAMPEÓN de la fórmula uno, con varias marcas de autos: Maserati, Ferrari, Mercedes Benz…
“Con máquinas que no tenían ningún resguardo para los pilotos, Fangio, demostró que era superior a todos”, afirmó Jackie Stewart, en la serie que muestra imágenes y relatos de la mayoría de sus grandes hazañas. Por ejemplo, la victoria que logró en Monza, emblemático circuito italiano. Habiendo parado en boxes para el cambio de cubiertas, hubo un problema que lo dejó a 59 segundos de los punteros, Collins y Hawthorn, ambos con Mercedes Benz. Fangio declara en la filmación -recordando y ya con unos 70 años de edad, que esa vez arriesgó como pocas veces lo había hecho antes; de ese modo, pudo superar a sus rivales y ganar la carrera.
Mika Hakkinen, quien también fue campeón del mundo, afirma que, “aunque las comparaciones no son fáciles, puede asegurarse que Fangio fue el piloto más completo en cualquier tipo de pistas, en una época donde murieron muchos colegas suyos, en accidentes”.
Fangio cuenta en la serie que, en 1957, corriendo en Reims, sintió que era hora de dejar las carreras y “dedicar tiempo a mis padres, que estaban grandes y me tuvieron lejos demasiado tempo…”. Desde ese día, por méritos propios, disfrutó del respeto general, en Argentina y el mundo. Con la seguridad de haber cumplido su misión, “partió” el 17 de julio de 1995.

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