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1970 – PARROQUIA SAN MARTÍN DE PORRES – 2020

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Nuestro encuentro con la Palabra de Dios…
-Pbro. Gustavo E. Sosa

4º Domingo de Pascua – 3 de Mayo de 2020 – Jn 10,1-10: Celebramos el cuarto Domingo de Pascua, mientras el mundo entero se va replegando de distintas formas ante la realidad de un virus que nos ha descolocado por completo a todos los niveles: sociales, sanitarios, laborales, familiares y personales, y también de fe. Apenas vamos siendo capaces de articular palabra ante una experiencia que no alcanzamos a comprender del todo. Llegan a nuestros oídos cifras de muertos e informaciones siempre incompletas, mientras en muchos hogares se llora con dolor la pérdida de seres queridos.
Es Pascua. El Señor Resucitado nos visita en este Domingo del Buen Pastor. Él nos recuerda que no estamos abandonados ni caminamos errantes: tenemos un pastor que nos conoce, para el que somos importantes, que se sabe nuestros nombres y al que le importa profundamente todo lo nuestro. Tampoco somos ovejas descarriadas, condenadas a vivir confinadas o en solitario: pertenecemos a un rebaño, al grupo de aquellos que “quieren seguir las huellas” del Pastor.
“Jesús vive y te quiere vivo”: con este lema (comienzo de la Exhortación del Papa Francisco a los jóvenes) celebramos, también hoy, la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. ¡Buen y esperanzador mensaje para estos momentos difíciles!
¿Qué debemos hacer? Es la pregunta que también nosotros nos hacemos en estos momentos de incertidumbre e inseguridad, cuando nos sentimos especialmente frágiles. Ahora que no hay respuestas para ninguna de nuestras cuestiones, al menos de forma inmediata. Se nos invita a convivir con interrogantes y dudas, a asumir que no lo podemos saber ni controlar todo. A Pedro le preguntaban desde el sentimiento de culpa por haber crucificado al Señor. El apóstol no tiene una receta mágica. Sólo invita al cambio de vida y a recibir en el corazón a un Dios que no se conoce intelectualmente, sino porque se vive. ¿No seguirá siendo actual la invitación en esta realidad presente? Cuando todo nos empuja a dar un giro a nuestros hábitos diarios y a buscar lo más auténtico y real de la vida humana…
La muerte, la enfermedad y el dolor nos han visitado, nos han herido y aún sangran en muchas de muchas familias. La herida desconcierta y urge a defenderse de ella. ¡Es una pelea frustrante! Y solemos perder en el intento. Vivir con heridas es propio de lo humano. En la Pascua se nos permite ver a un Resucitado con heridas aún calientes, que no lucha contra ellas, sino que las muestra victorioso, como la marca de su triunfo, la señal de una vida fuerte e inmortal. A nuestras heridas, que tenemos el derecho a llorarlas, les quiere hablar un Dios herido. Él nos entiende, nos escucha, nos puede abrazar con autoridad en nuestro dolor. ¿Cuáles son tus heridas y cómo Cristo puede hablarles?
Los pastores que cuidaban los rebaños, buscaban, para pasar la noche, espacios naturales más o menos protegidos. Sin puerta física que sirviera de protección, el pastor a quien le tocaba velar por la noche, se acurrucaba en la entrada, vigilando y defendiendo frente a las fieras. ¡Él era la puerta! No era entonces un instrumento de paso, sino de defensa. Frente al ladrón que solo quiere hacer daño o las fieras que buscan su alimento… ¿Quién nos defiende ahora? El Resucitado vigila y cuida de los suyos. No estamos a merced de la incertidumbre y la inseguridad. Él tiene en sus manos nuestro destino, y eso es consolador… ¡Cristo no es puerta que cierra, limita o separa, sino guarda que protege, cuida y prepara para un futuro mejor!.
Estamos cuidados. No vivimos desamparados o a merced de repentinos brotes del coronavirus. Sentir esa sensación desde lo profundo nos fortalece y empuja a vivir con sentido todo lo que nos pasa. El pastor conoce a las ovejas y ellas se sienten seguras ante su voz; las saca, camina delante de ellas, las llama, le siguen… ¡Qué sensación de acompañamiento y de seguridad! Estamos cuidados, protegidos. O lo que es lo mismo: en medio de este caos somos conocidos, somos amados. En estas semanas estamos reconociendo a los “nuevos héroes”: ¡Los que hacen su trabajo por vocación! Porque se han sentido llamados y han encontrado su sitio en un servicio que viven con pasión. En este Domingo oramos para que, como ellos, muchos encuentren su vocación en el servicio. A cualquier estado de vida, pero desde Cristo Servidor. Pedimos que ellos, los jóvenes y todos, no nos quedemos a medias en la vida.
Como nos invita el Papa Francisco en su carta para esta jornada, pedimos a Dios, que se despierte en nosotros, el ánimo frente a la fatiga, la gratitud porque no estamos solos y la alabanza porque el Señor calma nuestras tempestades.

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