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De Juegos Olímpicos y cuarentenas, 64 años atrás

Una inflexible legislación australiana no permitió que las pruebas ecuestres de 1956 se realizaran en Melbourne.

Este 2020 iba a tener, se suponía, a los Juegos Olímpicos con un lugar preponderante en la agenda. Y en parte fue así por momentos, aunque por la dilatada postergación. Hoy el mundo está pendiente del nuevo coronavirus, el planeta está en cuarentena. Por eso Tokio 2020 será en 2021.
Juegos Olímpicos y cuarentena no se llevan bien. Ni ahora, ni hace 64 años. Sí, porque ambos ya se cruzaron con motivo de la XVI Olimpíada de Melbourne 1956. Aquellos fueron los primeros Juegos Olímpicos del Hemisferio Sur. Y fueron en Melbourne porque en 1949 la ciudad australiana le ganó la sede a Buenos Aires por apenas un voto: 21 a 20; nunca la capital argentina estuvo tan cerca de organizar los Juegos de verano como en aquella oportunidad.
Los Juegos de Melbourne estuvieron marcados por tensiones geopolíticas. Por un lado, la Guerra del Sinaí, o Crisis de Suez, hizo que Egipto, Líbano e Irak se bajaran de la cita en protesta por la ofensiva militar de Israel, Francia y Gran Bretaña. La presencia de la llamada China Nacionalista (Taiwán) desencadenó la salida de China Popular. Y el aplastamiento soviético de la Revolución Húngara llevó a que España, Holanda y Suiza decidieran no participar en Melbourne. A propósito, Unión Soviética y Hungría protagonizaron un sangriento –literal- enfrentamiento de waterpolo.
Del lado argentino, en aquellos Juegos de Melbourne el entrerriano Humberto Selvetti ganó la medalla de plata en levantamiento de pesas, categoría de más de 90 kilos. Bronce en Helsinki 1952, en Australia no fue medalla de oro por su peso: empatado con un registro de 500 kilos con el estadounidense Paul Anderson, el primer puesto fue para el norteamericano, porque era más liviano.

EN PROBLEMAS
Mucho antes de que Melbourne 1956 se pusiera en marcha, la organización no venía nada bien. “Para el día de año nuevo de 1953, la alarma por la falta total de preparación de Melbourne tenía inquieto al Comité Olímpico Internacional”, cuentan John Kieran y Arthur Daley en su libro “Historia de los Juegos Olímpicos” (1967). El tire y afloje entre el gobierno nacional (de corte conservador) y el del Estado de Victoria (laborista) por los fondos tenía demorada la organización. Sin embargo hubo entendimiento (dinero federal) y la cosa se encaminó.
Y fue en ese momento cuando apareció en escena una estricta legislación australiana. “La ley especificaba que no podían admitirse caballos en Australia, a menos que pasaran antes una cuarentena de seis meses” (Kieran-Daley).
Con motivo de los 60 años de aquellos Juegos, en 2016 el periodista Troy Lennon escribió en The Daily Telegraph que en 1949, en su candidatura, Melbourne no había hecho mención a las “estrictas leyes de cuarentena”. Al parecer fue en 1952 cuando apareció el problema: algunos países ya planteaban su preocupación por los costos del traslado de los animales, cuando encima se enteraron de la cuarentena.
Eran otros tiempos. El Comité Olímpico Internacional intentó negociar con el gobierno australiano hacer más flexible el confinamiento, pero la organización deportiva no era lo poderosa que es hoy. Las autoridades “aussies” no modificaron nada.

CASO OMISO
Quitar del programa a las pruebas ecuestres fue una alternativa. Sin embargo, conviene citar un texto de aquellos años: “Una de las partes más espectaculares de los Juegos Olímpicos es la competencia ecuestre, con las pruebas del Premio de las Naciones como parte integral de la ceremonia de clausura” (Kieran-Daley).
Por si acaso, la Carta Olímpica (la Constitución Nacional del COI) era concluyente: en un Juego Olímpico, “todos los eventos deben llevarse a cabo en la ciudad elegida, o lo más cerca posible de esta […] La ciudad elegida no puede compartir este privilegio con otra”. Por ello, cuando Dublín se ofreció para albergar las pruebas ecuestres, el presidente del COI, el estadounidense Avery Brundage, fue terminante: las piezas de los Juegos Olímpicos repartidas por distintas partes no serían los Juegos Olímpicos.
Pero la presión de los representantes de las naciones miembro dio sus frutos y el COI aceptó que las pruebas de equitación se celebraran en otro país. Fue así que en mayo de 1954 Estocolmo –sede de los Juegos de 1912- ganó la elección: con 25 votos, la capital sueca se impuso a París (10), Río de Janeiro (8), Berlín y Los Ángeles (2). Y con apenas dos años por delante, el artículo de The Daily Telegraph destaca que al frente de la organización de estos juegos paralelos estaba el conde Gustaf Fredrick von Rosen, quien en enero de 1956 mató a su esposa, hijos y luego se suicidó.
Así y todo, el 10 de junio de 1956, al fin, fue la ceremonia inaugural de la olimpíada ecuestre en Suecia, cinco meses antes de que comenzara Melbourne 56 (por ser en el Hemisferio Sur, los juegos australianos se iniciaron recién el 22 de noviembre). Vaya paradoja, la cita sueca fue un éxito, anticipándose a las tensiones políticas producto de la crisis de Suez y la invasión soviética.
El jinete Hans Wikne fue el encargado de encender el pebetero olímpico, y obviamente lo hizo a caballo. Por primera y única vez, los Juegos Olímpicos se desarrollaban no solo en dos países, sino en dos continentes. Todo por una cuarentena.

¿AMSTERDAM 1920?
Los Juegos de 1920 fueron en la ciudad belga de Amberes. Sin embargo, una de las pruebas del yachting se cerró en Holanda. Hubo una controversia en la categoría de los doce pies y la definición se extendió más allá de los Juegos. Como las dos embarcaciones en competencia eran holandesas, se acordó que dirimieran el título en la Bahía del IJ, cerca de Ámsterdam. Justamente, allí se celebrarían luego las pruebas de los Juegos Olímpicos de 1928. Hasta 1956, este era el único antecedente –menor- de un juego y dos países.

EL SURF 2024 EN TAHITÍ
Todavía a la espera de Tokio 2020 –en 2021-, los Juegos siguientes serán en París, en 2024. Sin embargo, los organizadores parisinos eligieron a la paradisíaca Tahití –Polinesia francesa- como sede de las pruebas de surf.

SIETE ARGENTINOS
En Estocolmo 1956 hubo siete jinetes argentinos, según el libro “Historia de las participaciones argentinas en los Juegos Olímpicos”, de Martín Rodríguez: saltos, Carlos D’Elia, Pedro Mayorga y Naldo Miguel Dasso; prueba de tres días, Juan Martín Merbilhaa, Eduardo Cano y Carlos Omar de la Serna; y adiestramiento, José Horacio Cavoti. Por equipos, D’Elia, Mayorga y Dasso fueron cuartos, a un paso del podio.

AGGIORNADOS
Los Juegos Olímpicos volvieron a Australia en 2000, a Sídney. Sin embargo, según thehorse.com, en aquella oportunidad, y a partir de un acuerdo con las autoridades sanitarias, las cuarentenas para los caballos -unos 260- fueron de solo dos semanas en el Centro Ecuestre Internacional de Sídney, bajo la supervisión del Servicio Australiano de Cuarentena e Inspección (AQIS, por sus siglas en inglés).

Por Gastón M. Luppi, de la agencia DIB.

El jinete sueco Hans Wikne encendió el pebetero, a caballo. (The Daily Telegraph).
El COI aceptó que las pruebas de equitación se celebraran en otro país.
La competencia ecuestre, una de las más espectaculares de la época.
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