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El «uso indebido» del doble rasero

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El Departamento Ejecutivo buscó retomar la iniciativa política de la agenda parlamentaria, enviando al Concejo «con carácter de urgente» su proyecto para eximir el pago de tasas a comerciantes, en el contexto de crisis por coronavirus. Así, dejó descolocados en espacio y tiempo a los ediles, incluso los de su propio bloque.

-Por otro simple observador

Pocas personas, por fuera de los autoproclamados «outsiders», se atreverían a impugnar la «doble vara» como una herramienta legítima de la lucha política. En resumidas cuentas, el hecho de sostener posiciones diametralmente opuestas, según los intereses y la variación de las circunstancias, es una práctica aceptada en el reglamento del campo político y sólo resulta cuestionable al juicio de discursos provenientes de universos distantes, como podría ser el de la prensa de interés general.
Un ejemplo del problema lo aportó, durante la última sesión del Concejo Deliberante, la edil radical Viviana Morossini, a la hora de votar por la eliminación del Juzgado de Faltas N° 2, del que fue su única titular a lo largo de sus casi cuatro años de existencia. «Las circunstancias han cambiado, no es lo mismo la Argentina de 2020 que la de 2016», argumentó desde su banca, en el debate que encontró fracturadas las posiciones al interior del propio bloque de Juntos por el Cambio.
Casos similares se apilan de a toneladas en el archivo de la historia reciente. Otros, en cambio, transcurrieron de forma silenciosa, implícita y quizás por ello representan ejemplos del «uso indebido» del recurso. Para dar con el último acontecimiento de esta categoría basta con remontarse a las horas previas a la sesión del Departamento Deliberativo, que llegó casi 130 días después de la última, por decisión política del Palacio Municipal (más allá de los formalismos de la vilipendiada «división de poderes»).
Apenas dos días antes de la noche del jueves, el municipio anunció el envío al recinto de un proyecto para eximir del pago de las tasas a los comerciantes afectados por la parálisis económica de la pandemia del coronavirus. En un mismo movimiento, el Ejecutivo logró -o procuró lograr- dos objetivos políticos, para dejar descolocados en tiempo y espacio al grueso de los ediles: el primero, recuperar la iniciativa de la agenda; el segundo, colocarse a la vanguardia de «la lucha contra la pandemia», contraponiendo su proyecto de salvataje del sector comercial a los expedientes del Orden del Día, que quedarían extemporáneos tras el centenar de noches sin debate.
De haberlo advertido el municipio, podría agregarse a la lista un tercer objetivo: maquillar la posible derrota política en el debate sobre el Juzgado de Faltas. Sin embargo, ni el más pesimista de los «vicentistas» había considerado el cachetazo.
Varios de los asuntos que desfilaron por el escenario parlamentario -y otros tanto que quedaron afuera- eran temas pertinentes y, en algunos casos, urgentes, al momento de su redacción en formato de proyecto. Pero uno tras otro fueron cayendo en la trampa de «los tiempos del Concejo», expresión a la que suele echar mano el presidente del cuerpo, Aldo Expósito, para explicar las demoras.
El debate sobre el futuro del segundo Juzgado de Faltas presumía de cierta relevancia en los primeros soles del año, cuando los pedidos de gestos de austeridad a la clase política y la administración racional de los recursos eran una constante en un contexto en el que la crisis económica se llevaba todos los primeros planos y la amenaza del coronavirus no aparecía siquiera en el radar del continente.
Idéntica situación le tocó padecer al concejal Fernando Sierra, de la Coalición Cívica, quien propuso generar una campaña de reflexión y capacitación en la temática de la violencia, destinada a instituciones deportivas, en plena conmoción por el crimen del joven Fernando Báez Sosa, cometido en Villa Gesell por un grupo de rugbiers.
La propuesta, que encontró escasa repercusión en la cúpula municipal, casi que se terminó sancionando por cortesía, largas semanas después, pero aun así quedó su autor expuesto a la incomodidad de defender una iniciativa que poco tiene que ver con la realidad del coronavirus. En esta dinámica, sólo el Ejecutivo se dio el lujo de «estar a la altura de las circunstancias».
Son «los tiempos del Concejo», pero también las voluntades políticas. En el desencuentro entre los intereses del Ejecutivo y los intentos infructuosos de los aliados electorales por ocupar un espacio, el núcleo duro del gobierno local recibió a tiempo varias señales de que, más tarde o más temprano, podía pagar la cuenta en el recinto.

El intendente Vicente Gatica y el presidente del Concejo Deliberante, Aldo Expósito.
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