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La maestra jardinera que llegó a Olascoaga para hacer historia y respirar amor

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-María Celina Guzmán cuenta cómo es “Raíces”, la institución que tiene a cargo desde el año pasado

Hoy no es un día más para los jardines de infantes y las maestras de ese nivel. Justamente, se trata de la jornada donde se llevan todos los saludos al igual que Rosario Vera Peñaloza, su precursora, que falleció un 28 de mayo.
Una de las maestras iniciales de acá es María Celina Guzmán, directora del Jardín de Infantes Nº 910 “Raíces” ubicado en Olascoaga. En diálogo con La Voz, revela cómo es este mundo que la apasiona.
Su historia en la docencia comenzó hace 21 años. Además del nivel inicial, es maestra de grado y profesora de Historia. Se inclinó por los jardines desde un primer momento porque, como reconoce, sentía que tenía “mucho para dar”.
Si bien no está desde el año pasado, tiene el cargo de maestra titular en el jardín 911. Y fue en septiembre de 2019 cuando llegó a Olascoaga, donde está al frente de la sala a la que hasta marzo asistían 18 niños de 2 a 5 años.
En el edificio también funcionan las escuelas primaria y secundaria. Valora la calidez y la apertura con que fue recibida por la comunidad educativa “que se manifestó en el deseo de trabajar en equipo”.
“El trabajo en equipo fortalece, enriquece y da la posibilidad de encontrarnos con otras miradas. En esas miradas, uno lo que hace es ver que no hay una sola forma de ver las cosas, podemos verlas de distintas maneras y, sobre todo, en educación”, avanza con un sistema que define como “pluralista”.
Vuelve a la bienvenida que le dio esta comunidad educativa y la califica como “bárbara”. “Fue una construcción día a día porque no nos conocíamos. Ellos ya habían cambiado de maestra y de directora, así que esos cambios también producen la inestabilidad de tener una persona que esté todos los días durante el transcurso del año”, agrega.
Tampoco se olvida de las familias: “Estoy totalmente agradecida de su afecto y de la participación y colaboración porque eso también es importante, saber que uno las convoca y están”. Esto es reforzado con lo “muchísimo” que las mismas esperan, junto a los alumnos, del jardín y la escuela.
“En estos tiempos difíciles e inéditos que nos atraviesan con la pandemia, yo digo que los maestros y los directivos tenemos que construir y estamos construyendo nuevos modos de tejer y sostener los vínculos pedagógicos”, suma.
El otro vínculo es el afectivo, ya que el jardín “está abierto en las casas”, tal cual suelta. Por eso, añade que es fundamental el grupo de WhatsApp para continuar el contacto que acerca conocimientos y llena el alma.
En la sala tenía la colaboración de otra maestra jardinera que se desempeñaba como acompañante pedagógica. Así transmitían las propuestas de acuerdo a la edad, experiencias e individualidades.
Hasta el cuartel viajaba todos los días de la semana, junto a la directora de la primaria y docentes. Ahora solo va para entregar bolsones de alimentos y cuadernillos con actividades, momentos donde revive lo mejor.
Sobre su profesión, responde: “Para comprometerse y para trabajar a conciencia, creo que uno tiene que tener pasión por lo que hace. Cuando vos tenés pasión por tu trabajo, entregás mucho”.
De acuerdo a su mirada, “es un vínculo muy amoroso, de mucho respeto” el que se genera con los alumnos. “Nosotros, como docentes, aprendemos mucho más de ellos de lo que ellos aprenden de nosotros. Nosotros somos ya adultos, estructurados, formados de una manera; ellos son la espontaneidad, la libertad, el desprejuicio, la solidaridad”, adiciona.
Consultada por las claves de este mundo, comenta que “el juego es la base del aprendizaje en el jardín de infantes”, aunque no le resta importancia a la creatividad, los vínculos afectivos y el trabajo en grupo.
Con la mente otra vez en la carrera, afirma: “Uno aporta, ayuda a que la educación crezca, que mejore, pero uno está de paso. Siempre está bueno que haya otros actores que den lugar a otras propuestas”.
Lo que viene es una incógnita casi total. Sin embargo, no duda en que sus días seguirán en las aulas. “Hacer lo que a uno le gusta, yo creo, que es algo muy placentero”, cierra.

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