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La discriminación racial en los Estados Unidos de América

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-Por Lisandro León (*)

La discriminación racial y étnica ocurre a diario, impidiendo el progreso de millones de personas en todo el mundo. Y la respectiva lucha, para su erradicación, se supone que es prioridad para la comunidad internacional y parte esencial de la tarea del Alto Comisionado para los Derechos Humanos. Pero… ¿Esa prioridad también la posee el gobierno de Estados Unidos? Nelson Mandela aseguraba que nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, su origen o su religión, porque la intolerancia racial no es algo innato sino adquirido. 

Y esto puede ser pensado en relación a lo que ocurre en los Estados Unidos y el abuso policial, porque desde hace ya una semana es noticia mundial George Floyd, un afrodescendiente que perdió la vida tras pasar varios minutos con la rodilla de un policía contra su cuello durante un arresto en Minneapolis. Pero principalmente, porque este hecho gravísimo forma parte de una larga lista de víctimas que sufrieron violencia de las fuerzas de seguridad por un racismo arraigado en la gran parte de la sociedad estadounidense y fomentado por los discursos electorales del presidente Trump.

Lo cierto, es que la visibilidad de la muerte de George ha desencadenado en una serie de protestas que se extendieron por todo el país, y revivió la lucha por el efectivo goce de los derechos civiles para absolutamente todos los habitantes, sin distinción.


Para ser más objetivo, y fundamentarme en base de datos, un estudio de Pew Research realizado en 2019 plasma que el 67% de los adultos asegura que los afrodescendientes son tratados por la policía de manera menos justa que los ciudadanos de tez blanca. Del mismo modo, un análisis publicado en el mismo año (por periodistas de Fatal Encounters y del Sistema Nacional de Estadísticas Vitales) estima que la policía estadounidense asesina entre 1.000 y 1.200 personas cada año, y que los afrodescendientes son 2,5 veces más propensos a ser asesinados (por las fuerzas de seguridad) que la población blanca.
Por último, cabe destacar que, desde la noche de ayer, el pueblo norteamericano vive el mayor toque de queda desde el asesinato de Martin Luther King (1968), aquel pastor que nos comentó sobre su sueño consistente en que las personas de tez negra y blanca pudiesen coexistir armoniosamente y de forma igualitaria.


En consecuencia a dichos datos, pensar que la sociedad norteamericana se encuentra cada vez más dividida, no resulta descabellado. Sobre todo, teniendo en cuenta que la violencia y el racismo vuelven a la cima del debate público, provocando que la presión (como en Minneapolis) llegue a explotar. Porque pese a las palabras de Martin, y a más de cinco décadas de su muerte, podemos notar como la brecha sigue vigente, y ello es algo para reflexionar.

(*): Presidente de la Juventud Coalición Cívica-ARI Bragado.

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