Press "Enter" to skip to content

Diario de cuarentena

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

-Por María Cristina Alonso

Leo que Carlos Ruiz Zafón, el autor de, entre otros, la trilogía del Cementerio de los libros olvidados, ha muerto, a los 55 años.
Conocí y amé a Barcelona con los libros de Carlos Ruiz Zafón, sobre todo con el primero, La sombra del viento que apareció en mi casa por recomendación de mi amiga Marta que a su vez se lo había recomendado Fátima, su amiga de Barcelona. Que se haya muerto a edad tan prematura entristece. Todos esperábamos otra de sus historias en las que, el cementerio de libros olvidados, oculto en las oscuras callecitas del Rabal y los escritores malditos, las casas abandonadas, los misteriosos y diabólicos personajes que sobreviven a la muerte iban a volver con el brillo de sus primeras obras. Que volveríamos a llorar con historias como la de Daniel Sempere o Marina; en una Barcelona de lluvias y frío que ya no existe.
Me gustó tanto la primera novela, La sombra del viento que, cuando llegué a Barcelona por primera vez, Fátima Bas Cassá, que me alojó en su casa, me llevó en aquel noviembre de 2013 a pasear por el barrio Gótico y me señaló la Librería Cervantes Canuda que anunciaba el inminente cierre en los carteles de la fachada. Esta librería, me dijo Fátima, dicen que es la que inspiró a Ruiz Zafón para escribir La sombra del viento. Y yo la fotografié largamente y hasta escribí más tarde un cuento que me inspiró un tipo de gorro que recorría las mesas de libros usados y nuevos.
Después Fátima me invitó a cruzar la Rambla y me señaló la calle del Arc del Teatre y atisbamos la misteriosa oscuridad, su untuosa desolación que se agigantaba en los grafitis casi ilegibles de las paredes lamidos por las farolas.
Dicen que es ahí donde Zafón imaginó el Cementerio de los libros olvidados, me anunció.
El Cementerio en la novela de Zafón es un lugar casi secreto y un tanto siniestro al que el protagonista, Daniel Sempere llega, de la mano de su padre, una madrugada brumosa del cuarenta, cruzando la Rambla cuyas farolas dibujan sombras fantasmales. Una biblioteca casi infinita, borgiana, alimentada por los ejemplares huérfanos de las librerías que cierran o de las bibliotecas de los muertos. Pasillos y pasillos en los que se apilan esos libros que ya nadie volverá a leer pero en los que ha quedado atrapada el alma de sus autores.
En aquel otoño de mi primera vez en Barcelona, todo lo fui relacionando con la lectura de los libros de este escritor que hoy leo, se ha muerto. Compré un libro, La Barcelona del viento, que me llevó por los lugares de esa ciudad secreta que inspiraron las novelas de Zafón.
Volví varias veces más a Barcelona. Creo que la he recorrido y conocido a conciencia. Pero ningún viaje me mostró la Barcelona mágica y fantasmal como Ruiz Zafón. La verdadera Barcelona es hoy, en tiempos de pandemia, inaccesible y lejana. Pero la de este escritor imaginativo y oscuro la puedo encontrar, en este mismo momento, en mi biblioteca. Creo que hoy voy a andar por ahí toda la mañana.

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin