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La Calle

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La frase de hoy: “Hay muchas pequeñas historias dormidas que, de golpe, despiertan y sacuden la memoria para oxigenarla”.

Los protagonistas son distintos, igual que los tiempos en que sucedieron. La Calle solo puede mostrar el carnet que acredita su condición de testigo a veces privilegiado. No siempre es posible aportar muchos detalles, ya que lo que importa es la esencia de cada caso.

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El vecino supo visitar al Hogar Mignaquy, en tiempos donde los chicos podían hacerse amigos de familias, con las cuales solían pasar los fines de semana. Uno de los que había pasado varios años internado, decidió dejar el Hogar y, con conformidad de su familia, pasó a vivir en una pensión que supo estar en las cercanías del club Los Millonarios.

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Su “padrino de Confirmación” había tomado el hábito de despertarlo por las mañanas, para que fuera en horario a la escuela secundaria, para lo cual caminaba no menos de 10 cuadras diariamente… El acompañamiento se mantuvo, en las buenas y no tan buenas, no siendo el único caso merecedor de atención. Valga como señal positiva de quienes suelen hacer el bien sin pensar en rédito alguno.

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El muchacho vivía en uno de los barrios de Bragado, en muy malas condiciones. En ocasión de la decisión de exvecino que mandó dinero para destinar a algún fin solidario, se tomó la tarea de construir una pequeña casita de material. En tiempos de la gestión de Aldo San Pedro como Intendente, fue con su colaboración que se terminó la obra.

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El joven, nacido en 1993, pasó a un grupo de contención auspiciado por la Municipalidad y su vida mejoró. También en este caso, surgió un vecino del barrio que se encargaba de llamarlo para que fuera a cumplir con la tarea asignada. Un relato como tantos, con un nombre para destacar. Se trata de Juan J. Chelía, quien vive en el sur y que alguna vez merecerá conocer el final de este caso; fue su donación la que permitió iniciar la tarea de recuperación social.

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La idea callejera es encontrar señales de hechos positivos y, por lo general, ignorados. Es cierto que no hay que hacer nada con deseos de figuración. Si se los cuenta, sin detalles, es para probar que no somos tan malos. Es un alegato a favor de la humanidad…

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Hay toda una recopilación de llamados telefónicos no olvidados. Algunos con buenas noticias como el nacimiento de un hijo, pero extrañamente, los que más perduran son los que trajeron angustia a través de su contenido. ¿Será que el dolor es más fuerte que la alegría?

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Un consejo dictado por experiencia: Disfrutemos de las buenas cosas que nos pasan, como para estar protegidos cuando nos toque el viento en contra. La alegría de ser mamá y papá de un pequeño ser bonito e indefenso que se duerme como un angelito, no tiene precio. Por suerte, este cuadro se repite, iluminando el camino.

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Una voz en el teléfono: Pasó hace más de 3 años. Decía que estaba en Lomas, a las 10 de la noche, después de haberse escapado de un instituto. Pedía ayuda y estaba lejos. Una vecina del lugar fue quien apareció como una especie de ángel de la guarda y resolvió la cuestión del momento.

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Esta es una historia en desarrollo. Hay días que la espera de un nuevo llamado se demora, aunque nos haría falta que llegara. La vida está construida de pequeños detalles, casi todos con nombres de seres humanos, por lo general jóvenes y con dificultades. Lástima que las penas que han ido sumando, no se alivian por más que haya testigos con buena voluntad…

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