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Una historia de “grandes tenores”, en vísperas del Día del Padre

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El agradecimiento es la memoria del corazón. Y éste, lejos de guardar los momentos compartidos como piezas de museo, los mantiene vivos siempre que nos permitimos conectarnos con ellos… ¿Por ejemplo? A través de esas canciones que tarareamos con seres queridos. Y un ejemplo, en vísperas al Día del Padre, es el que nos regalan Fernando y uno de sus hijos: Juan Octavio.
Fernando es “un papá” de ASDRA. Conoció a su esposa Leticia, cuando eran muy jóvenes, en la Capital Federal siendo compañeros de la Facultad de Ciencias Económicas de la UADE. Tenían algo en común desde el inicio, además de su amor por los números: ambos “eran del Interior”, como dicen los porteños con autorreferencialidad. Él de Bragado, provincia de Buenos Aires. Y ella de Esquel, provincia de Chubut. Y como buenos contadores, en el mediano plazo, se multiplicaron. Así la vida los encontró más juntos que nunca y con tres hijos.
El primero de sus hijos es Tomás (30). El segundo, Julián (24). Y el tercero Juan Octavio (26), quien tiene síndrome de Down. Así recuerda Fernando su llegada a la familia: “Leticia estaba con una panza enorme. Y el nacimiento de Juan fue un golpe, ya que vimos caras de incertidumbre en los médicos”. Pero, enseguida, aclara: “Fue un proceso rápido, ya que lo conocimos al Dr. Rafael Durlach que nos hizo ir enseguida a ASDRA”. En la Asociación encontraron contención y orientación y, a los 20 días, Juan Octavio ya hacía Estimulación Temprana.

Tributos musicales y “grandes tenores”
Fernando, como Leticia, siempre intentan estar cerca de sus hijos. Y, en el caso de Juan Octavio, de entrada estuvieron muy encima para acompañar los ejercicios de estimulación. Cuenta Fernando que desde muy chiquito “le hablaba, le hablaba y le hablaba para marcarle las palabras y, sobre todo, las difíciles que llevan ´r´, como ´rata´”. Este esfuerzo de su esposa y él, tal como relata este papá, es el que contribuyó para que hoy Juan Octavio tenga una “buena dicción”.
Dicción que le permite a Juan Octavio expresar muchas cosas a través, por ejemplo, del canto. Pasión que comparte con su padre. La música los conecta a padre e hijo. No precisan tanto de charla, sino más bien de conectarse para encontrarse. “En mi familia somos de trabajar mucho. Y en esta cuarentena donde pasamos tanto tiempo juntos y trabajamos desde casa, me turba si me hablan mientras estoy ocupado. Pero si ponemos música me concentro e incluso si cantamos no me molesta”, nos cuenta Fernando. Y también nos dice que con Juan Octavio hacen tributos musicales a grandes artistas. Por ejemplo, en los últimos días, tararearon juntos canciones de Cacho Castaña y Sergio Denis. El gran aliado para estas puestas en escena, sin dudas, es Spotify.
Pero la música no es solo conexión para padre e hijo. También un remanso para las tensiones. “Cuando estoy enojado, Juan Octavio me busca por el lado de la música… Y me invita a cantar como si fuéramos grandes tenores. Los otros días entonamos canciones de Andrea Bocelli”, desliza, contento, Fernando.

La familia, “un combo” de la orquesta
Fernando, en el relato que nos hace acerca de cómo es su vínculo con Juan Octavio, desparrama, con total naturalidad, el aroma de la inclusión familiar… Es que el sonido musical de su vínculo con Juan Octavio solo puede apreciarse, de manera completa, dentro del contexto de la orquesta familiar que formó junto con Leticia. “Nuestra familia es un ´combo´. Y siempre tuvimos muy en claro que la sociedad, los abuelos y los amigos debían aceptarnos a todos”. Y este espíritu es tan fuerte que Fernando lo deja bien en claro y marca la cancha: “Para el que no acepta el combo, nosotros no tenemos contacto con esa persona”.
Fernando se siente orgulloso de su hijo Juan Octavio. Valora su caballerosidad, ya que siempre “le inculqué ser muy atento”. Y también el compromiso de toda su familia para sostenerse y acompañarse. Así, explica que con Leticia hicieron “muchos esfuerzos durante la infancia de Juan Octavio para que sus maestros y los profesionales que le daban apoyo se formaran. Los llevábamos a cursos de ASDRA y pagábamos los gastos. De hecho, Juan fue el primer integrado en una escuela en Bragado. Pero la escuela no funcionó por las cabezas cerradas de los docentes. Entonces, lo sacamos, la peleamos y seguimos luchando por otros caminos”. Y, pronto, también reconoce el compañerismo de sus otros dos hijos, Tomás y Julián. “Son compañeros. Siempre tratamos de hacer cosas en conjunto. Nos gusta viajar, subir montañas, comer asados y compartir”. ¿Qué más? Estos momentos son, en definitiva, las notas musicales de la vida. ¿Hay algo que suene mejor?
“Con papá cantamos y tomamos café”, remata Juan Octavio, cuando le consultamos qué es para él lo más lindo de su padre. Y la respuesta no podía ser mejor que la imagen del bar, con padre e hijo, frente a frente, cantando y compartiendo. Eso sí: el público ya eligió a su artista favorito. “Salimos a la calle y todos lo saludan a él”, finaliza, con orgullo, Fernando.

Por Pedro Crespi, Director de ASDRA.

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