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Tres tesoros de la Unesco

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Declarada como Patrimonio de la Humanidad en el año 1978, la ciudad de Lalibela, al norte de Etiopía, cuenta con varias iglesias talladas en roca basáltica rojiza. Sin duda este es uno de los lugares sagrados para la cristiandad etíope, gracias a estos grandes tesoros.
Convertidas en una de las principales atracciones turísticas, los once templos, hundidos a 40 o 50 metros, fueron construidos directamente de arriba hacia abajo en el siglo VII.
Las iglesias de la ciudad de Lalibela (Francesco Bandarin/Unesco).
Talladas en bloques únicos en forma de cruz, cada una de las iglesias es distinta entre sí, aunque cuentan con aberturas que permiten la entrada de luz.
Sus orígenes están rodeados de un halo de misterio y suele afirmarse que son, en realidad, un homenaje a Jerusalén, el antiguo centro de cristianismo. Todo apunta que una de ellas, la de Beta Girorgios (la casa de San Jorge), con 15 metros de altura, es el templo monolítico más grande del mundo.

ULURU: Quienes en el pasado tuvieron la oportunidad de visitar el monolito rojo más famoso de Australia pueden considerarse unos afortunados. Y es que este lugar sagrado para los aborígenes y una de las principales atracciones del país, el Uluru, fue cerrado al público.
Los anangu han ganado la batalla al turismo 40 años después de que se les reconociera como propietarios tradicionales de este pedazo de tierra. A partir de ahora sólo será posible observarlo desde la distancia.
El Uluru ya no podrá ser escalado. (Turismo Australia)
Este monolito de 348 metros de altura y 9 kilómetros de perímetro, situado en el Territorio Norte, es conocido también como Ayers Rock. Fue declarado patrimonio de la humanidad en 1987.

MESA VERDE: El Cliff Palace, uno de los poblados del parque nacional Mesa Verde, es un sitio arqueológico de incalculable valor situado en el condado de Montezuma, en el actual sudoeste del estado de Colorado. Y es que el lugar fue habitado a lo largo de más de 700 años por la civilización anasazi, un misterioso pueblo amerindio que lo abandonó de forma repentina durante la segunda mitad del siglo XIII.
El parque nacional Mesa Verde. (Archivo)
Durante su estancia en Mesa Verde, primero ocuparon las cimas de la meseta y más tarde construyeron las impresionantes viviendas de los acantilados, escondidos en las paredes del cañón; unas edificaciones que hoy pueden ser visitadas. Una de las formas más recomendables de recorrer el parque, que ocupa 211 km2, es en una visita guiada. Las vistas desde lo más alto resultan espectaculares.

Fuente: DIB.

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