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La Calle

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La frase de hoy: “Son tiempos donde las figuras de los médicos se agigantan”.

En realidad, por su estrecha relación con la vida, los profesionales de la Medicina siempre han merecido el reconocimiento con lo social. Es justo y es evidente, pese a algunos desencuentros, que eso se mantiene y se ha ampliado en estos tiempos.
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Otro sector que, por su importancia en toda comunidad, debiera contar con la adhesión de las comunidades, es el docente. No ha sido bueno que haya ido perdiendo consideración en la estima general. Simplemente porque su labor es esencial para que la educación llegue a todos y es el gran nivelador social. Hay que iniciar una gran campaña en ese sentido. Familia y escuela, deben marchar de la mano.
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En Medicina, a nivel nacional, hay varios nombres que se han ganado un lugar excediendo los límites nacionales. También hay valores reconocidos en esta paria chica que es Bragado. En el primer caso, están cerca de cumplirse los 20 años de la dolorosa ausencia física de René FAVALORO. Nacido en La Plata, el 12 de julio de 1923, supo de una experiencia en un pueblo rural de La Pampa y después viajó a Estados Unidos donde se destacó claramente. Fue en 1968 cuando desarrolló el bypass coronario, un éxito que hará perdurable en el tiempo su dedicación.
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Su desaparición está dentro de las cosas que no debieran ocurrir. Fue el 29 de julio del 2000 cuando un disparo al corazón, demostró su hastío por el olvido de la burocracia. Su muerte sacudió los cimientos de la sociedad, pero no cambió demasiado. Somos de olvidar pronto. Eso sí, salvó a la Fundación que lleva su nombre y sigue haciendo bien sin mirar a quien.
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En Bragado… La lista de nombres es extensa. La memoria, al citarlos, puede cometer omisiones injustas. Sin embargo, merece intentarlo como forma de destacar el mérito de los médicos y personal de la sanidad. En estos tiempos de prueba, están dando a conocer lo que valen y la enorme importancia que tienen a nivel social. Hay que memorizar nombres: Juan José Quenard, Raúl Salvarredy, Juan Pío Manganiello, Rodolfo Arribalzaga, Mario Fescina, Carlos Bengolea, Carlos Manganiello, Rafael Mora, José Ramón Maffassanti… Son la avanzada de una legión a la cual agradecen los anónimos habitantes de un pueblo que los ha conocido a través del tiempo. Para los médicos, el mejor monumento está en el agradecimiento de los pacientes.
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Para el personal que está afrontando la situación inesperada y viene haciendo méritos desde hace mucho. Deben saber que cuentan con el apoyo de muchos, junto al mejor deseo de poder encabezar la salida de este escollo complicado que surgió, como para demostrar que hay capacidad para la unión, como forma de hermandad. En espíritu La Calle se imagina en los pasillos del Hospital y visitando cada lugar de atención de pacientes. Que no nos toque llegar como pacientes es un anhelo. Sobre todo para no dar trabajo… Si Dios quiere ya volveremos a encontrarnos.
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El ruego se extiende hacia todo el país. No hay que perder la fe. La tenemos en los médicos y colaboradores. La mantenemos en el Dios que no olvida a sus hermanos.
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NÉLIDA NOEMÍ VERDE – Su partida convertida en nube…
No es fácil escribir despedidas; aunque en este caso sea un solo ¡hasta pronto!. Se trata de adaptarse recurriendo al álbum de los buenos recuerdos. Saber que llegó a Bragado teniendo 22 años y encontrando aquí su lugar en el mundo. Aquí fue la principal constructora de una familia que, como siempre, está unida en estos momentos que cuesta asumir como reales. Que trabajó por la Cooperadora de la escuela de sus hijos; que ayudó en el Hogar Mignaquy con la mayor voluntad; que disfrutó del trabajo en el local comercial de la familia Parsanese…
Puso todo al servicio de su recuperación, soportando cinco operaciones en pocos años, en procura de recuperar su movilidad. Que acababa de compartir una reunión con toda la familia, que sirvió para darle sol a su ánimo, tonificado unos días antes, por la llegada de su bisnieto… No todo fue un lecho de rosas, pero hay pocas espinas en el largo camino recorrido a través de 57 años de vida en común. Aún entre lágrimas, queda tiempo para agradecer a DIOS por lo recibido; al padre Gustavo por sus palabras en el oficio religioso.

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