Press "Enter" to skip to content

1970 – Parroquia San Martín de Porres – 2020

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

Nuestro encuentro con la Palabra de Dios…
-Por el Pbro. Gustavo Sosa

Hace algunos días estuve meditando en ese bellísimo himno de acción de gracias que pronuncia la Virgen María como respuesta a las palabras de saludo que le dirige su prima Isabel: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador”. Aunque hayamos recitado muchas veces este himno, contiene unas expresiones que, en la coyuntura actual, tienen un particular sentido: “Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes”.
Estas palabras adquieren un significado muy particular en las actuales circunstancias que vive la humanidad. Hasta hace pocos meses, estábamos acostumbrados a que las leyes de mercado eran las que dictaban el ritmo de la actividad y de la economía en el mundo. De un momento a otro, terminó el reino del mercado.
Un enemigo invisible, originado en un mercado de China, trastornó la economía del mundo. Las fábricas, los almacenes y los aeropuertos tuvieron que cerrar. Entramos en cuarentena y se desplomaron las Bolsas de Valores del mundo entero, empezando por los más ricos y luego todos los países emergentes. Ante este cataclismo mundial, resuenan con particular fuerza las palabras del himno del Magníficat: “Dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos…”. Frente a este enemigo arrasador, de nada han servido las armas nucleares, que hace pocos días desfilaban por la Plaza Roja, en Moscú, en la conmemoración de los 75 años de la rendición de Alemania que puso fin a la II Guerra Mundial. Ante el desconcierto de la comunidad científica internacional, que busca febrilmente una vacuna, las únicas acciones que logran frenar la propagación del virus son las más simples: distancia social, lavado de manos, uso de tapabocas. ¡Ironías de la vida! La solución inmediata está en lo simple. La solución definitiva, si es que existe, la encontrarán los científicos en sus laboratorios.
Por eso son importantes los mensajes que nos comunicaron las lecturas de la misa de este domingo. En ellas encontramos un fuerte llamado a la sencillez, a la simplicidad, a la humildad. Estas palabras sonaban, hasta hace pocos meses, extrañas y distantes. Pero llegó el Covid 19 y nos alteró todo… incluso el sentido de estas palabras.
El profeta Zacarías, que vivió en el siglo VI AC, describe el liderazgo diferente que ejercerá el Mesías. Este texto nos recuerda a Jesús y el liderazgo absolutamente diferente que ejerció. Jesús es rey, pero despojado de la arrogancia de los poderosos de este mundo. El reinado de Jesús hizo de los más vulnerables sus preferidos.
Esto es una invitación a revisar el rol de los líderes en la sociedad. Para poder resolver los grandes problemas que tenemos, necesitamos líderes que convoquen, que sintonicen con los problemas de la gente sencilla, que propongan un proyecto de país que nos permita unirnos y avanzar juntos. Estamos hastiados y cansados de los egos y de las vanidades personales de nuestros dirigentes. Necesitamos una comprensión diferente de lo que significa ser funcionario público, que privilegie el bien común. Y que los pobres no sean un instrumento que usen para ejercer un poder denigrante, que juega con la dignidad de todos.
Esta propuesta nos habla de un perfil diferente de líder, cuyos rasgos son la humildad, la sencillez, la cercanía, la voluntad de servicio, y se ve reforzada por el texto del evangelista Mateo, quien recoge las palabras de Jesús, en las que denuncia el orgullo y la prepotencia, y alaba la sencillez de corazón que nos abre a la verdad: “Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y las has revelado a la gente sencilla”.
El Covid-19, que tantos estragos está causando, es fuente de profundas reflexiones. Hasta esta amarga experiencia, el mundo se sentía triunfante. Pero todo cambió bruscamente. Nos sentimos amenazados. Busquemos, con humildad, nuevos caminos de cooperación. Reconozcamos que estábamos equivocados. El orgullo nos tenía enceguecidos. Necesitamos un nuevo estilo de liderazgo y un nuevo modelo de ciudadanía. Volvamos a los valores simples de nuestra vida.

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin