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1970 – Parroquia San Martín de Porres – 2020

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Nuestro encuentro con la Palabra de Dios…

-Pbro. Gustavo E. Sosa

Las lecturas de este domingo nos explican cómo actúa la Palabra de Dios en cada uno de nosotros. Este tema tan profundo es desarrollado mediante dos imágenes sencillas llenas de sentido, particularmente para quienes ejercen las actividades agrícolas. Las dos imágenes son la lluvia y la semilla:
• La lluvia es portadora de vida.
• Y en su pequeñez, la semilla contiene un enorme potencial para producir los nutrientes que son esenciales dentro de la cadena de la vida.
A través de estas dos imágenes, la lluvia y la semilla, que son clave para desatar los procesos de la vida, se nos explica que la Palabra de Dios no es un discurso que nos da un concepto o una idea de quien es Dios, sino que hace surgir la conversión, el cambio de vida, inspira nobles proyectos de solidaridad, nos permite conocer el plan de Dios y nos abre a la gracia. El profeta Isaías describe hermosamente la acción eficaz de la Palabra de Dios en nosotros: “La Palabra que sale de mis labios no vuelve a mí sin producir fruto, sino que realiza lo que quiero y lleva a término mi encargo”.
En esta meditación dominical, los invito a profundizar en la parábola del sembrador, que ilumina esta reflexión sobre la acción de la Palabra en cada uno de nosotros. En la lectura del Evangelio de Mateo, se describen las condiciones de los terrenos en los que el sembrador deposita sus semillas: “al borde del camino”, “terreno pedregoso”, “entre espinas”, “tierra fértil”.
A través de esas cuatro imágenes que Jesús nos ofrece en su parábola, nos invita a revisar cómo nos disponemos para el “Encuentro con la Palabra”. Podemos ser resbalosos y duros como el camino que permite que las aves se coman lo que Dios quiere sembrar en nosotros; o producir resultados rápidos y superficiales que no soportan el castigo del sol, por falta de raíces y hondura en el corazón; podemos también dejar que los espinos nos ahoguen en medio de las preocupaciones de la vida. Por último, es posible que la Palabra encuentre en nosotros tierra buena, que recibe la semilla y la deja crecer, para ofrecer al mundo los desbordantes gozos de una cosecha centuplicada.
La semilla de la fe es plantada en nuestras vidas cuando recibimos el sacramento del Bautismo. Se inicia, entonces, un largo camino. Esta semilla debe ser cuidada y protegida. Difícilmente podrá desarrollarse en un medio hostil o indiferente a los valores espirituales. Que esta meditación sobre la forma como actúa la Palabra de Dios en cada uno de nosotros, a través de los símbolos de la lluvia y la semilla, nos sacuda de nuestra pereza y nos permita avanzar en el conocimiento y amor a Dios.

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