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Historias del crimen

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Milivoje Pesic, un marinero en el lugar equivocado y en el momento equivocado

El joven disfrutaba de un trago en una whiskería de Necochea cuando quiso separar a un grupo que discutía. Quedó acusado del asesinato de una copera. Fue condenado pero años después confesaron los verdaderos culpables.

-Por Marcelo Metayer, de la redacción de DIB.

Se podría decir que Milivoje Pesic estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado, o que tuvo mala suerte, o que su destino lo había arrastrado. Lo cierto es que el marinero yugoslavo tendría que haberse ido con sus compañeros del bar “Elsa”, de Necochea, aquella noche del 8 de mayo de 1978, pero eligió quedarse un rato más, solo. Se estaba bajando otra copa cuando escuchó una discusión en un idioma que no comprendía. Dos prostitutas estaban a los gritos con clientes y en un momento se fueron a las manos. El joven se fue encima para separarlos pero un golpe en la cabeza lo desmayó. Cuando volvió en sí una de las chicas estaba muerta y los hombres habían desaparecido. Pesic salió e intentó volver al carguero Mavro Vetranic, anclado en Quequén. La Policía lo detuvo en el Puente Colgante y lo acusó del crimen. El marinero quiso quedarse un ratito más en el bar antes de partir hacia la noche del océano y terminó quedándose en las prisiones argentinas durante cinco largos años.
A su arresto siguió un juicio plagado de arbitrariedades. Pesic no tenía antecedentes penales pero 22 personas que testimoniaron en el proceso, sí. Rafaela Villavicencio, la otra prostituta que estaba esa noche en la discusión -la víctima se llamaba Mirta Godoy- declaró cinco veces y siempre dio una versión distinta.
El caso ocupó los titulares de las revistas del momento, mezclado con el asesinato del primer ministro italiano Aldo Moro y las vicisitudes del Mundial ‘78. Hubo presión internacional por la suerte de Pesic, que se declaró inocente desde el primer momento. Dicen que fue torturado para que confesara; por aquellos años de la dictadura, no hacía falta ser militante ni sindicalista para conocer el luminoso tacto de la picana.
En el calabozo hizo el identikit de los dos hombres que vio peleando con las prostitutas, y que él afirmaba que eran los asesinos. Nadie los conocía.
Además de todo eso, aparecieron dos testigos falsos. Uno se presentó como “ratero y folclorista”. Dijo que estaba en un reservado mientras espiaba a través de un cortinado cómo el marinero atacaba a las prostitutas. El otro fue llamado “El fisgón”. Dijo que su fetiche era espiar por los agujeros del techo del bar. Esa noche aseguró ver a un hombre alto y rubio con “su miembro erguido y una cuchilla en la mano mientras se abalanzaba a una mujer para matarla”.

Protecciones
“Todos protegieron a una mafia que vendía droga, ofrecía prostitutas y manejaba negocios turbios con la Policía y las altas esferas”, declararía más tarde Hugo Trogu, el abogado defensor de Pesic.
Nadie le creyó a Milivoje Pesic, de 23 años y nacido en Trebinje, entonces Yugoslavia y hoy Bosnia y Herzegovina. Fue hallado culpable del asesinato de Marta Godoy y condenado a 16 años de prisión.
Cinco años después, mientras el marino hacía su vida en la cárcel de Azul -“dejó de ser ateo, aprendió castellano y maneja una radio”, afirmó la revista La Semana en una tapa-, cayó en España una banda integrada de mafiosos argentinos. Entre ellos estaban Carlos Alberto Farnos y Juan Hankel, que confesaron su responsabilidad en el asesinato de la copera de Necochea. Eran los del dibujo de Pesic. Al parecer, Farnos y Hankel aprovecharon sus contactos con la Policía para usar a Pesic de chivo expiatorio.
El caso se reabrió y Milivoje Pesic dejó la cárcel en 1983. Lo último que se supo de él en Argentina es que deseaba volver cuanto antes a Trebinje, la ciudad que había abandonado para conocer el mundo.

“Hubo de todo”
Al año siguiente el joven contó sus peripecias en un libro editado en sus pagos, “Moj Argentinski tango” (Mi tango argentino). Este cronista no pudo descubrir si fue publicó en español.
Sí hay varios libros sobre el caso escritos en nuestro país. El asunto fascinó a grandes figuras del periodismo como Emilio Petcoff y Enrique Sdrech, e inspiró al escritor Ricardo Piglia para un cuento llamado “La música”, perteneciente a la serie del inspector Croce. Allí, Pesic es descripto como “un chico rubio, de cara flaca y ojos celestes (…) estaba sentado en el catre, con la espalda apoyada en la pared. En el hueco de la ventana había puesto una foto donde se lo veía sonriendo y tocando el acordeón a piano al lado de una muchacha con el pelo suelto que lo besaba en la mejilla. Le había puesto una vela y unas flores a la fotografía, como si fuera un altar”.
Mientras que en su libro “El diablo en la whiskería” Amílcar Romero escribió sobre el caso: “En ese suceso hubo de todo. Sangre. Derechos Humanos. Sexo. Sensacionalismo periodístico. Perversión. Cine. Truculencia. Hampa. Suspenso. Prostitución. Jefes de Estado. Hijos y entenados. Dólares. Extranjeros. Guerra. Amenazas. El Vaticano. Falcon. Miedo. Alta Policía. Personajes funambulescos. Amor. Tensión. Angustia. Las Naciones Unidas. Clamor ante la alternativa de crucificar a un inocente. Televisión. Gángsters de carne y hueso. Espionaje”.
Se dice que un grupo de cineastas franceses viajó a Quequén para filmar una película con la historia. La misma idea tenía Adolfo Aristaraín. Nunca se hizo nada.

Fuente: DIB.

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