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La Calle

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La frase de hoy: “Uno no desea reconocer sus defectos y traumas, pero allí están a la vista, si los queremos ver”.

En los últimos meses, en medio de noticias del virus y sus efectos, La Calle ha escuchado decir al Presidente de los argentinos, que “vinimos a poner a la Argentina de pie…”. Naturalmente surge la idea de responder: “Los países no se arrodillan, aún frente a las más duras derrotas…”. ¿Es exagerado pensar en una afirmación de ese tipo?.

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Hay muchas historias de países que, habiendo perdido una guerra, han sido capaces de superarlo y convertirse en potencias. En el peor de los casos, sus habitantes no han pensado que estaban derrotados para siempre. Hay soldados que ignoraron los resultados y se han mantenido en la lucha, fusil y honor al hombro…

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Más de una vez se ha pensado que nuestros enemigos somos nosotros mismos… No están lejos; más vale a la vuelta. Son a quienes descalificamos por pensar de otro modo. No es un dato nuevo, ni un descubrimiento que haya que patentar…

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A la hora de analizar las causas del decaimiento sufrido como país pleno de posibilidades, pero con demasiados hermanos condenados al destierro del progreso, la lectura es que “la culpa es de los otros”. Nunca nos incluimos nosotros en la lista de los que “algo hemos tenido que ver…”.

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Después de “olvidar” al Ejército durante años, a partir de que “algunos de sus integrantes deshonraron el uniforme”, ahora se ha producido una especie de reconciliación. Necesaria. Son los uniformes que lucieron los soldados de San Martín y Belgrano…

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Son los triunfadores en San Lorenzo, Tucumán y Salta; los que cruzaron los Andes con su misión libertadora… Los que, más cerca en el tiempo, hicieron lo humanamente posible en las heladas tierras de Malvinas… No todo fueron flores, ya que también hubo derrotas que no doblegaron el fervor patriótico.

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Habrá que coincidir que lo que está haciendo falta es usar más seguido la palabra reconciliación. Llevamos demasiado tiempo peleados entre nosotros, que no es señal de hermandad, sino de postergación. Aceptar responsabilidades y olvidar viejos prejuicios superados por la historia.

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Estamos rodeados por la humedad, especie de lluvia disimulada. También por una infinidad de dramas sociales. Hablamos de carencias e inseguridades. Los adultos mayores, necesitados de cuidados, terminan armándose para defenderse… Es una radiografía de la realidad que sufrimos y que duele mucho.

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Así andamos, tratando de no perder el paso. En honor de quienes nos acompañan y también de los seres necesitados de una mano solidaria. A veces no es cuestión de querer. Ocurre que no siempre se puede. El ruego a la distancia está y seguramente ha de ser válido.

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