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La vecina que pasó por todo y cumplió un gran sueño

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-Jennifer Ausejo es una de las primeras travestis bragadenses; la lucha de años, el infierno dejado atrás y el hogar que cambió su vida

“Yo ya soy una sobreviviente”. Estas son las primeras palabras de una vecina que nunca bajó los brazos. Siempre tuvo todo más que claro, y ahí también resalta la igualdad.
Es Jennifer Ausejo, una de las primeras travestis de Bragado que hoy disfruta el premio de tanto esfuerzo. Todo lo cuenta en la tranquilidad de su merecido franco.
Ama y valora sus cuatro décadas. Se nota cuando explica que el promedio de vida de travestis, trans o transgéneros es 35 años, y así lo de “yo ya soy una sobreviviente”.
“La travesti puede tener su condición auto-percibida, pero no necesariamente tiene que estar desde que se levanta hasta que se acuesta vestida de mujer para tener esa condición”, avanza.
Sus 16 años no serían solo eso. Fue ahí cuando comprendió. “Mientras a mis amigos les empezaron a atraer y a llamar la atención las mujeres, a mí me empezaron a atraer y llamarme la atención mis amigos”, manifiesta.
Dos años después, se vestía de mujer por primera vez. Según argumenta, fue porque sentía “más libertad”. “Era romper un poco el esquema en una sociedad tan cerrada como lo es la ciudad de Bragado”, agrega.
Tampoco duda en afirmar que “no fue fácil” romper con los moldes por ese tiempo porque las leyes que hoy las protegen eran solo deseo. La identidad de género es uno de los derechos ganados, pero en su caso prefiere que quede ahí. “A mí me place ser travesti”, añade.
Con la mente en su madre, confiesa: “Yo creo que ella me aceptó como hijo, pero tal vez nunca logró aceptar o asimilar mi forma de ser”. Tiene dos hermanos que, tal cual suma, “fueron bastante flexibles, demasiado comprensibles también”.
Hace casi 3 años, daba sus primeros pasos como trabajadora del hogar de ancianos “San Luis”, se convertía en la primera travesti empleada por la Municipalidad con su condición autopercibida y cumplía un sueño. “Así quise que me emplearan porque eso le iba abrir las puertas a otra persona”, indica.
-Viaja al pasado. La angustia se encadena a cada puerta laboral que se cerró. “He podido pasar por todo un mundo de oscuridad, pero pude evolucionar como persona. Pese a todas las cosas malas que viví, pude salir de la prostitución, aunque me tuve que camuflar en la vida porque tuve que trabajar de peón, de parquero, de pintor, de niñero, de mucamo, de barrendero, de artesano. Busqué adaptarme al mundo para poder sobrevivir”, amplía a corazón abierto.
Consciente de los cambios culturales y las leyes, lamenta que la discriminación en Bragado “es un continuo presente”, y está “camuflada” en un montón de situaciones que van más allá del género.
“Yo pienso que las personas sienten orgullo de haber sido fieles a su esencia, de haberse sostenido quién y cómo son ante tantas adversidades, en las que muchas ocasiones se nos hace ver que no tenemos derechos ni al trabajo, ni a la educación, ni a la salud, ni a la vida misma”, reflexiona.
Consultada por sus sueños, suelta que es “ver que hay un mundo, tal vez, un poco más evolucionado, más empático, más solidario, más humano”. “Yo digo ‘qué gran pecado decir todos somos iguales’. En todo caso, somos todos de la misma especie, somos todos seres humanos, pero somos todos diferentes, con una esencia única e irrepetible”, deja Jennifer para el final.

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