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La mujer que se abrazó a lo divino para derrotar al cáncer

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“Neli” Senga sabe de difíciles y deja un mensaje esperanzador; el día que todo cambió, lo llamativo del tratamiento y eso que también resulta fundamental

Era el Día de la Primavera 2014. Estaba de vacaciones en La Rioja. Sale de la ducha y nota algo raro en una de sus mamas. Lo primero que hizo fue llamar a su hija para que se encargue de los turnos. El “venite” de la respuesta sonó raro, pero no había opción.
“En ningún momento se me ocurrió pensar en un cáncer”, comienza “Neli” Senga, con la mente en un día que no olvidará jamás. La enfermedad estaba en su cuerpo, lo que comprobó a la semana, después de los estudios, cuando le preguntaron qué medico quería para la cirugía.
Ese 28 de septiembre también fue muy duro. Al centro de salud la acompañaron sus dos hijas y nieto. “Cuando me confirmaron el cáncer, nos abrazamos los 4 y lloramos mucho”, confiesa. Algo de paz, según agrega, le llegó con el “todo va a salir bien” del chico.
Como es “muy creyente”, refresca que la próxima parada fue el cementerio para pensar a sus padres. “Les dije que yo los amaba y que los recordaba mucho todos los días, pero que yo no me quería ir con ellos todavía”, añade.
La cirugía llegó el 21 de octubre de ese año. “No sentí nunca miedo porque yo creo muchísimo en Dios, y me puse en las manos de él”, cuenta. Cuando salió de la sala de operaciones, una de sus mamas ya no estaba.
“Yo siempre rescato la parte positiva: tengo vida. Puedo tener una mama menos, pero voy a seguir siendo la misma persona. Al contrario, voy a ser mejor porque pasé por una situación límite. La muerte me tocó la espalda porque mi cáncer fue el más agresivo”, avanza.
Al tiempo, el 18 de diciembre, se realizaba la primera quimioterapia. Le siguieron 33, más 29 rayos. Todo duró meses y fue terrible, aunque aclara que jamás tuvo “ni un dolor de cabeza, ni un vómito, nada”.
“Yo le tengo respeto al cáncer, pero no le tengo miedo”, afirma. A esto le suma que “uno lo tiene que enfrentar, no tiene que huir”, otros de los tantos mensajes que dejó en el grupo oncológico local que salva a puro amor.
Tampoco tarda en comentar que “en ningún momento” pensó en la muerte. “La vida es un regalo de Dios que uno debe disfrutar cada minuto”, amplía más que feliz.
Jamás se preguntó por qué a ella. Lo que sí hace siempre es agradecer por haber superado la enfermedad. “Es algo que me tenía que tocar, me tocó y me sirvió para valorar”, manifiesta “Neli” al final, con mucha luz y energía.

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