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La Calle

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La frase de hoy: “Son tiempos de solidaridad, no exentos de intranquilidad”.

Es lo que hay, sin más remedio que aceptar y remar para no aflojar. Hay entidades antiguas que tienen historia en el rubro de tender una mano, como el Club de Leones. Por fortuna, están surgiendo nuevas inquietudes en el mismo sentido. El dicho de, “a mal tiempo buena cara”, cobra vigencia en situaciones, como las que vivimos desde principios de año.

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Hay gente tratando de “colocar” una propuesta ofrecida por Leones. En principio, han dicho que la idea es colaborar para dejar en condiciones el mamo-grafo del Hospital Municipal. Es un modo de recaudar fondos para apoyar estas cuestiones que siempre tienen actualidad y son de absoluta necesidad.

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En ese sentido, será bueno recordar que no hay que dejar de ir al médico para los controles de rutina. A veces, por el temor a otras enfermedades, olvidamos atender males que no son menores. Entidades como LALCEC, en calle Falcón al 200, prestan un gran servicio en ese sentido. Su tarea, silenciosa pero efectiva, se respalda con la anual rifa del teléfono.

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La donación de sangre y órganos, aun en tiempos de aislamiento, no debiera detenerse. Sin embargo, es lógico suponer que por los cuidados exigidos, ambas campañas han disminuido en adherentes. No hay que dejar de tener en cuenta a los pacientes que esperan. La Calle tratará de averiguar cómo se pueden concretar las donaciones.

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Ha sido interesante leer la nota sobre el Falcon angostado que Jorge Cafrune supo comprarle a los hermanos Dante y Torcuato Emiliozzi, ídolos de Olavarría, surgidos en el Turismo Carretera, ganando carreras, a partir de 1953. Ellos no llegaron a utilizar ese auto y tampoco pudo hacerlo Cafrune. Es el valor de las historias antiguas, con protagonistas que dejaron huellas y a través de estos relatos recuperan retazos de sus vidas.

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“LOS AMIGOS”, de Julio Cortazar

En el tabaco, en el café, en el vino,
al borde de la noche se levantan
como esas voces que a lo lejos cantan
sin que se sepa qué, por el camino.

Livianamente hermanos del destino,
dióscuros, sombras pálidas, me espantan
las moscas de los hábitos, me aguantan
que siga a flote entre tanto remolino.

Los muertos hablan más pero al oído,
y los vivos son mano tibia y techo,
suma de lo ganado y lo perdido.
Así un día en la barca de la sombra,
de tanta ausencia abrigará mi pecho
esta antigua ternura que los nombra.

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