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1970 – Parroquia San Martín de Porres – 2020

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Nuestro encuentro con la Palabra de Dios…

Domingo 16 de Agosto de 2020. Domingo 20 durante el año Mt 15,21-28.
Quiero comenzar esta reflexión diciendo algo: vivimos llenos de prejuicios políticos, culturales, sociales, raciales, religiosos… Esta es una verdad… hasta nos damos el lujo de tener prejuicios con aquellos que trabajan en el ambiente sanitario porque tenemos miedo que nos contagien… Tenemos que reconocer que somos prejuiciosos.
Cuentan que una vez le preguntaron a un ciudadano estadounidense si era demócrata o republicano, a lo que el hombre respondió: “Soy demócrata”. Le preguntaron, entonces: “¿Por qué es usted demócrata?”. “Soy demócrata –dijo el hombre– porque mi papá era demócrata, mi abuelo era demócrata, toda mi familia ha sido siempre demócrata. Por eso soy demócrata”. “Vamos a ver –inquirió el entrevistador–, si su papá hubiera sido un ladrón, su abuelo un ladrón y toda su familia fuera de ladrones, ¿sería usted también ladrón?” “Desde luego que no ¬respondió el hombre–. En ese caso sería republicano”.
Este pequeño ejemplo de prejuicio político es apenas una muestra de lo que funciona dentro de nuestra cabeza. Muy rápidamente sacamos conclusiones respecto de la gente que conocemos todos los días. Cada uno podría hacer un ejercicio de reconocimiento de los propios prejuicios. Pensemos en la grieta famosa que nos divide como Nación. Estoy convencido que hemos usado los prejuicios para enfrentarnos de manera violenta, al menos verbalmente.
Caminando Jesús por una región apartada, se encuentra con una mujer extranjera. La primera actitud del Señor fue pasar de largo y no contestar nada a los gritos de la mujer, que pedía que le curara a su hija. Los discípulos, entonces, le ruegan que le diga a la mujer que se vaya o que la atienda, “porque viene gritando detrás de nosotros”.
Jesús respondió: “Dios me ha enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel”. Pero la mujer siguió insistiendo: Fue a arrodillarse delante de él, diciendo: “¡Señor, ayúdame!” Y Jesús le contestó: “No está bien quitarles el pan a los hijos y dárselo a los perros”.
Solemos decir que el perro es el mejor amigo del hombre, pero a nadie le dicen perro como piropo… Sin embargo, la mujer es capaz de sobrepasar el insulto y decirle a Jesús: “Sí, Señor; pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Jesús, entonces, vencido por la mujer, termina diciendo: “Mujer, ¡qué grande es tu fe! Hágase como quieres”. Y desde ese mismo momento su hija quedó sana.
Es evidente que Mateo quiere darnos una lección. Por eso, no duda en presentar a un Jesús que fue capaz de abrirse al encuentro con esta mujer extranjera y dejarse vencer por la fortaleza de su fe y su perseverancia. Podríamos decir que esta mujer, convirtió a Jesús… Lo hizo salir de lo que estaba establecido…
Si queremos sospechar de nuestras posiciones ya tomadas, deberíamos ser capaces de abrirnos al encuentro con lo diferente de nosotros mismos y dejar que este contacto con lo distinto nos cuestione y nos ayude a cambiar nuestro comportamiento habitual frente a los demás, especialmente, frente a aquellos que descalificamos de entrada por nuestros prejuicios.

Pbro. Gustavo E. Sosa.

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