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Vicente López: el extraño caso de las primas muertas en la bañera

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En abril de 1989 vecinos de la calle Melo se quejaron por un olor espantoso en un departamento. Llegó la Policía y encontró a dos jóvenes fallecidas. Parecían estar muertas desde hacía meses pero las habían visto con vida pocos días antes. La principal hipótesis, el veneno de la víbora Mamba Negra.

Por Marcelo Metayer de la redacción de DIB.

Todo empezó con el olor. Era un aroma nauseabundo que salía de un departamento en la calle Melo al 3354, en la localidad de Florida, Vicente López. Allí vivían dos primas de 22 y 15 años, que no respondían los llamados. Los vecinos, asqueados y atemorizados, llamaron a la Policía. Hasta allí llegó en horas del caluroso mediodía del 16 de abril de 1989 el juez Raúl Casal junto con los efectivos. Temían lo peor, pero se encontraron con algo que superaba lo peor. En el baño de la vivienda estaban las chicas, sentadas en la bañera, muertas. Las habían visto tres días atrás y ahora sus cadáveres estaban descompuestos como si hubieran fallecido hacía varios meses. Así, con el olor, empezó uno de los casos más extraños de la crónica policial argentina y que hizo correr mucha tinta ese año de fin del ciclo alfonsinista.
Irma Beatriz Girón, de 22 años y Gloria Fernández, de 15, fueron identificadas enseguida porque sus familiares se habían acercado hasta el PH de la calle Melo, que alquilaba la mayor de ellas, alarmados por la falta de noticias de ambas: en la víspera las habían esperado, en vano, en el casamiento de la hermana de Gloria.
El investigador de temas del misterio Gustavo Fernández cuenta: “Los bomberos, que en ningún momento se despojaron de sus mascarillas, retiraron finalmente los cadáveres, no sin grandes precauciones y mediante la utilización de unas lonas especiales ya que aquellos cuerpos se deshacían al menor intento de levantarlos. Fueron llevados a la morgue judicial para intentar vanamente, luego de una semana de permanecer en refrigeración extrema, procurar determinar la causa de las muertes”.

El problema del “cuándo”
Además de cómo, el gran misterio era cuándo habían muerto las chicas. “Se coincidió, teniendo en cuenta no sólo la fauna y flora cadavérica, sino también las livideces, rigidez y espasmo cadavérico, que la muerte de ambas jóvenes databa, por lo menos, de dos meses”, asegura Fernández. Pero ese dato se chocaba de frente con la realidad. Porque la última vez que habían visto a las chicas con vida fue tres días antes, el jueves 13 de abril. Ese día por la tarde la propietaria de la casa escuchó el timbre. Cuando atendió era Irma, que le pidió usar el teléfono para llamar a un médico: “Mi prima tiene fiebre”. Más tarde recibirían la visita de un médico que recetó Multin. Cuando la Policía requisó el departamento el domingo, mientras sacaban los cadáveres hallaron un frasco de Multin sobre la heladera.
En La Nación del 19 de abril, una pesquisa afirma que «ni los cadáveres que devuelve el río, con varios meses de posterioridad, presentan el estado que tenían estas dos mujeres. Creo que este es uno de los mayores misterios que vamos a tener que desentrañar».
Otro enigma más era la posición en la que las habían hallado, semidesnudas dentro del agua. La prensa más amarillista comenzó a tejer todo tipo de conjeturas: una relación lésbica secreta, un doble pacto suicida, un amante que las había matado sigilosamente y que había escapado del baño -y de la casa- sin dejar huellas.

La Mamba Negra
Con todos estos datos, los peritos comenzaron a plantear todo tipo de hipótesis, que iban desde la intoxicación con dióxido de carbono y el envenenamiento criminal hasta “la formación de un arco voltaico espontáneo que había electrificado el agua de la bañera”, cuenta Gustavo Fernández. Nada cerraba. Hasta que un experto de Servicios Especiales de Investigaciones Técnicas (SEIT) aportó la idea que más fuerte resonó en la opinión pública: las chicas habían sido afectadas por el veneno de la Mamba Negra, una terrible serpiente sudafricana cuya ponzoña tiene enzimas que aceleran la descomposición de los tejidos. Se conocían en ese momento al menos tres asesinatos en el mundo que habían ocurrido mediante la inyección de veneno de Mamba Negra, dos en Canadá y uno en Italia.
La mayor de las primas, Irma, estaba en una relación con un hombre casado, que según unas fuentes trabajaba en el Instituto Malbrán, que cuenta con un serpentario para producir antídotos, y según otras era dueño de una veterinaria. Esa podía ser la conexión con la misteriosa Mamba Negra. Mas el interrogatorio lo dejó libre de culpa y cargo, y así otra hipótesis llegó a un callejón sin salida.

Más enigmas
Los misterios del caso todavía no habían terminado. Porque meses después el juez Casal volvió al departamento de Melo para ver si podía hallar alguna otra pista y se llevó una desagradable sorpresa: la bañera donde habían encontrado a las chicas muertas estaba de nuevo llena de agua, sucia de fauna cadavérica. Los bomberos, aquellos días de abril, habían revisado todo y limpiado a fondo el baño. El desagüe no estaba tapado. Entonces, ¿cómo se había podido llenar la bañera? El olor era prácticamente el mismo que había en el PH la primera vez que habían entrado allí.
Entonces, los peritos quisieron volver a probar la hipótesis del envenenamiento. El juez autorizó a retirar de la morgue de La Plata para su análisis los corazones de las primas, que habían sido dejados flotando en frascos de formol. Cuando los fueron a buscar habían desaparecido.

Intoxicadas
Luego de un año de investigación se decidió volver a exhumar los cuerpos de las pobres jóvenes y se tomaron muestras óseas. Según los forenses intervinientes, las chicas habían muerto por intoxicación de dióxido de carbono “acreditada por la presencia de carboxihemoglobina en la médula ósea». El estado de descomposición de los cuerpos se explicaría por “el microclima de ese baño reducido, la estufa prendida, el agua caliente y el ambiente húmedo”, según contó muchos años después el criminólogo Raúl Torre, titular entonces del citado SEIT. Aquí se supone que se cerró este “expediente X” de la criminología argentina, pero la verdad es que esa hipótesis había sido formulada y descartada los primeros días de la investigación.
Entonces, ¿qué pasó? ¿Fue o no un crimen, fue o no un accidente? El año pasado, cuando se cumplieron 30 años de las extrañas muertes, el propio Casal admitió a La Nación: «Para mí este caso todavía es una gran duda, una cuestión misteriosa, un enigma por resolver».

Fuente: DIB.

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