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La Calle

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La frase de hoy: “Es tiempo de hablar de sombras, que muchas veces no son tantas gracias a la acción y fortaleza de seres humanos especiales”.

La Calle ha dejado de ver a mucha gente. No hace falta explicar los motivos. “Cada cual tiene sus penas y nosotros los tenemos”, dice la letra de un tango antiguo. Por eso, para compensar la falta del contacto personal, es bueno recordar a Raúl Novoa y su familia. Fue el primero que nos sorprendió con su capacidad para superar la falta de visión.

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Raúl quedó ciego siendo muy chico y a fuerza de decisión y voluntad, logró superar en gran medida su problema. Hace ya largos años, jugando un partido de fútbol en el Complejo, Novoa le puso humor a la cuestión. Después que la pelota con cascabeles, dejó de rodar, dando por terminar el encuentro: dijo: “En realidad, tengo que decirte que ni la ví…”.

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Raúl Novoa tiene trabajo, construyó una familia y cuenta con el reconocimiento de quienes han tenido la suerte de conocerlo. A partir de su historia de vida, La Calle ha sentido la necesidad de volver sobre un suceso real, ligado a la adopción, un recurso válido y que se presta a generar verdaderos ejemplos de solidaridad y amor.

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El escenario no es Bragado, pero bien podría serlo. Ojalá lo fuera, para tener más posibilidades de exponerlo y brindar las opciones de acompañar y ayudar. A la protagonista central, la llamaremos TANIA y es docente, trabajando en dos escuelas. En algún momento, hace 20 años largos, la familia decidió adoptar un hijo, haciendo todos los trámites legales, que son largos y muchas veces acobardan.

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Un día, finalmente, el Juzgado llamó para decir que había un niño de pocos meses en espera de un hogar. “Antes que nada, explicaron las autoridades, queremos aclarar que se trata de un ser privado de la visión…”. El dato no fue motivo para cambiar la decisión. Tania volvió con los brazos convertidos en cuna y el corazón dispuesto a dar todo el cariño. La historia iniciaba su camino y la unión con aquel niño, fue creciendo naturalmente.

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Pasaron varios años y un buen día, el Juzgado golpeó a la puerta y formuló otro llamado al corazón de la familia. Ocurre que había dos hermanitas, esperando un hada buena que les regalara el cariño que hace falta para crecer con felicidad. TANIA, todo sentimiento, optó por la afirmativa. No le importó que la mayor de las nenas tuviera una marcada disminución visual. Siempre supo que la integración no se proclama, sino que se practica.

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La televisión que no solo es chimentos y frivolidad, al poco tiempo, reconociendo el valor de la acción de TANIA, le entregó una casa, lo cual mejoró las condiciones de vida de todo el grupo. Por eso, hubo alegría y se agradeció la ayuda. El paso del tiempo, con los hijos creciendo, resultó responsable inevitable del aumento de los problemas. TANIA está sintiendo ahora que todo el amor y el esfuerzo no alcanzan, aunque sigue aportando todo y más aún.

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Este comentario, absolutamente real, es como una botella arrojada al mar. En nombre de TANIA, que nada sabe de La Calle. Es un pedido de auxilio, digno por todo lo hecho en ese largo recorrido. Cuando la imaginación no funciona, hay que apoyarse en la realidad. Eso estamos haciendo hoy, con la esperanza – esa que nunca se pierde- de encontrar alguna respuesta. No hay decreto que impida soñar…

Una pareja fue a Misiones en busca de tres hijos, que les otorgaron en adicción. Al regresar trajeron cuatro, para no separar al mayorcito de los hermanos…
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