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El día a día del abogado argentino

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Cada 29 de agosto se celebra un nuevo día del abogado, las redes sociales se llenan de fotos, agradecimientos y caricaturas de la balanza de la justicia y cada año muchos nos preguntamos por qué este día y no otro.
La Federación Argentina de Colegios de Abogados aprobó la fijación de esta fecha en reconocimiento al nacimiento de Juan Bautista Alberdi, ocurrido un 29 de agosto de 1810. ¿Por qué Alberdi? Este político, pensador y escritor fue nada menos que el autor del libro “Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina”, publicado en 1852, uno de los pilares fundamentales de la Constitución Argentina, sancionada el año siguiente.
Resuelto el misterio de la fecha y dando por finalizados los datos históricos, nos parece una buena oportunidad para describir cuál es hoy en día el significado de ser abogado en nuestro país.
Elegir una profesión que muchos consideran “un mal necesario” puede ser un desafío y sin dudas conlleva cargar con prejuicios e ideas que muchas veces no se ajustan a la realidad de su ejercicio. Así como muchos pueden ver erróneamente una estrategia, una ambición o la creación de una motivación exclusivamente generada por el abogado en su cliente para tomar cartas en algún asunto, entendemos que muchas veces los procesos que nos involucran pueden ser delicados y despertar emociones que no siempre llevan a la objetividad.
Ahora bien, ¡no todas son pálidas! Si lo fueran, definitivamente no seríamos tantos abogados en el mundo. Si sos estudiante de abogacía y estás leyendo estas líneas, tenemos buenas noticias: También es una profesión que permite darle voz a las personas, ayudar a todos y a cada uno a defender su visión antes de darlo todo por perdido. Permite hacer cumplir los derechos de todos los eslabones de la cadena, de los más fuertes y de los más débiles. De los que están al tanto de sus derechos y de los que no. Permite poner nuestro granito de arena para lograr un equilibrio y hacer respetar el sistema sobre el que nuestra sociedad como tal funciona todos los días.
Este sistema que -por más aburrido que pueda sonar un sábado- es, después de todo, lo que nos hace sentir a todos un poco más protegidos. No estamos solos, hay algo detrás de nosotros que vela por nuestros intereses y por una sociedad justa. Ser abogado a veces implica simplemente intermediar. Otras involucra asesorar o recordarles a las personas el esfuerzo que conlleva y el valor del trabajo, pero otras se trata de darle esa oportunidad a alguien de sentirse un poco más protegido, un poco más en igualdad de condiciones. Creemos que ser parte de eso es lo que nos hace recordar cómo fue que llegamos hasta acá y cómo volveríamos a elegirlo.

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