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A mi «Pueblo» Bragado

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Mi vocación me ha llevado a ciudades distintas, sin embargo no pude olvidarme nunca del nombre de la doctora que me trajo a la vida, como tampoco del rostro de mi madre, ni de los ojos claros de aquel hombre que a la distancia de casi cuarenta años de ausencia sigo llamando papá. No pude olvidarme de mi parroquia, su gente, mi bautismo en Santa Rosa, la primera comunión y la participación en el grupo scouts. Jamás olvido el rostro de mis hermanos y sus esposas y mucho menos el ruidoso andar de mis sobrinos. En mi corazón mis amigos de secundaria, la gente de mi barrio, los vecinos….
Estoy lejos en este momento. No puedo volver, no se puede hacer nada más que cuidarse y pedir que se cuiden. Pero hoy me siento más que nunca sacerdote de Cristo. Esos recuerdos, los ojos de esas personas, sus corazones y dolores, sus sufrimientos me hacen tan impotente que me invitan mirar al cielo. Como hombre de fe y como sacerdote sé que en la misa de cada día, en la patena donde pongo las hostias, ahí está mi pueblo, mis padres y mi gente, mis hermanos y amigos, mis sobrinos y mi historia.
Hoy quiero decirles más que nunca que el nombre de mi pueblo Bragado está debajo del cáliz y la patena donde celebro la misa. No entiendo esto que sucede; me uno a todos, quisiera tener más fe para decirles algo…. Sólo hoy puedo levantar los ojos y el cáliz pensando en cada uno de ustedes. Creo en eso, en eso espero… Amigos bragadenses me uno a ustedes….sé que Dios no nos abandona…. Que Él los bendiga.

Juan Pellegrino

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