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Cómo fue el camino de Constantino para llegar a lo más alto

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-La Dirección de Cultura hizo un repaso por la vida del tenor que le dio vida al teatro

Florencio Constantino logró que su muerte sea solo lo natural, ya que cada día que pasa parece estar más vivo que nunca. Y Bragado lo tiene muy claro, con una obra única en el país.
El tenor hizo historia grande. Una de sus páginas más emotivas es la del centro cultural que lleva su nombre, construcción de la que se hizo cargo para proteger por siempre a los bragadenses.
Todo comenzó en Bilbao, País Vasco, España. Allí nació Constantino y la duda estuvo hasta hace poco, hasta que se encontró la fe de bautismo.
A los 8 años, junto a su familia, se instala en la ciudad de Ortuella donde trabajó en la actividad minera y en una compañía de ferrocarril.
Años después, realizaba el servicio militar obligatorio. Eso lo ayudó a conseguir los pasajes para poder viajar a Argentina.
Y fue en 1889 cuando llegó al país. No vino solo: lo acompañó quien al tiempo se convirtió en su mujer.
Ya habían pasado por varias ciudades, hasta que el destino fue Bragado. Esto se explica porque acá vivían familiares de su pareja.
Con el préstamo que consigue, compra una trilladora y, mientras trabaja, suelta su voz por el aire del campo.
Pero la cosa no quedó ahí: Constantino se fue ganando un nombre cuando cantaba el Ave María en Santa Rosa de Lima y en romerías españolas.
Todo fue intenso. En 6 años fue padre de Rosa, Dolores, Antonio y Ricardo.
Un día, vende la trilladora y su casa de la calle General Paz contigua a la sala velatoria, para viajar a Capital Federal y comenzar a estudiar canto.
Tras un año en esa ciudad, viaja a Italia y es, finalmente, en ese país donde empieza a estudiar canto. Para esto, ya era 1900.
Lo que siguió en su vida fue éxito tras éxito, ya que concretó giras por todo el mundo.
Cuando se enteran de que estaba en Capital Federal, un grupo de vecinos lo va a visitar. El objetivo era uno: que construya un teatro en Bragado.
El regreso a esta ciudad se da en septiembre de 1911, época donde compra el terreno de la calle Belgrano y la casa que había vendido tiempo atrás.
El sueño del teatro se hizo realidad el 25 de noviembre de 1912, con una ópera donde canta como nunca y se lleva todos los aplausos.
Corría 1913. Su lugar era Estados Unidos, país donde se dedicaba, sobre todo, a la docencia.
Contratado en 1919 por el Teatro Colón de México, se queda sin voz en una función. Eso lo llevó a un estado de demencia del que no pudo salir.
Constantino murió el 19 de noviembre de 1919, en México. Varias décadas más tarde, en 2012, sus restos llegan al teatro y descansan en el Mausoleo.
Este repaso se vivió en el Facebook de Cultura, charla que estuvo a cargo de Silvia Sosa, miembro del área y la asociación que recuerda al tenor.

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