Press "Enter" to skip to content

La Calle

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin

La frase de hoy: “Gracias a los palotes, que fueron guías para entrar al mágico mundo del aprender”.

La Calle en un día como hoy no tiene que pensar mucho sobre el tema de actualidad. Sarmiento, las escuelas, los docentes, los alumnos de guardapolvos, para achicar las diferencias sociales. Iluminando todo, la cultura, esa facultad de superarnos, aprendiendo de la historia, que alguna nos hará sentirnos hermanos de verdad.

Vvvvvv

Hoy será bueno desear que no haya niños sin escuelas; argentinos con carencias y que sigan naciendo maestras con vocación de segunda madre, sabedoras que sólo el conocimiento hará libres a todos los argentinos. Por sobre todo, que quienes hay están lamentando las aulas vacías, puedan volver pronto al ejercicio de su apostado.

Vvvvvv

La idea, como homenaje aunque incompleto, es mencionar a las docentes cuyos nombres nos surgen de la memoria que suele estar en orsay” y se olvida cosas. En medio de una legión de recuerdos, en represente de miles, citaremos a Rosa Rizzo, Carmen Blanco, Charito Iriarte, Ana Bartolomé, Nelly Pepa, Cristina Spano, Luisa Rangone, María Villalba, Nelly Fescina. Con el perdón necesario por muchas omisiones, podemos considerar que son abanderadas de este homenaje que todos los docentes merecen en este día.

Sarmiento, el gran maestro argentino…
-Valga este bosquejo de su historia, como ofrenda a su memoria

Domingo Faustino Sarmiento nació el 15 de febrero de 1811 en una casa del barrio Carrascal, uno de los más humildes de la ciudad de San Juan, capital de la actual provincia homónima, hijo de José Clemente Cecilio Quiroga Sarmiento y Paula Zoila Albarracín Irrazábal.
Su nombre de bautismo era Faustino Valentín Quiroga Sarmiento. Según algunas fuentes, el nombre Domingo se le adjudicó luego, no figuraba en su partida de nacimiento. Existen además testimonios de que ni sus familiares ni amigos lo llamaban «Valentín», nombre que le fue dado por ese santo. El nombre «Faustino» le fue dado por el santo del día de su nacimiento.
Los primeros maestros de Domingo fueron su padre y su tío José Manuel Quiroga Sarmiento, quienes comenzaron a enseñarle lectura a los cuatro años. En 1816 ingresó a una de las llamadas «Escuelas de la Patria», fundadas por los gobiernos de la Revolución, donde tuvo como educadores a los hermanos Ignacio y José Rodríguez, maestros profesionales. Finalizados estos estudios en 1821 su madre sugirió que cursara el seminario en Córdoba, pero Sarmiento se negó, tramitando una beca para ingresar al Colegio de Ciencias Morales en Buenos Aires, que no le fue concedida.
Las becas se daban por sorteo o por contactos. Sarmiento no fue sorteado y al no contar con dinero suficiente ni con familiares ni amigos influyentes no pudo continuar con sus estudios y debió quedarse en San Juan. A partir de entonces fue un autodidacta. Un amigo ingeniero lo ayudó con las matemáticas, su tío José de Oro lo ayudó con el Latín y Teología. El francés lo estudió solo, en sus ratos libres.
En 1823 trabajó como asistente de Víctor Barreau, en la Oficina de Topografía de San Juan.
En 1825 su tío Fray José de Oro fue desterrado a San Francisco del Monte, provincia de San Luis, y Domingo lo acompañó; actualmente la localidad se llama San Francisco del Monte de Oro, en homenaje al rebelde fraile y maestro. Allí fundaron una escuela, primer contacto de Sarmiento con la educación.

Compartir artículo enShare on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Share on LinkedIn
Linkedin